martes, 21 de marzo de 2017

RAZONES PARA DESCUBRIR EL BOSQUE



Hoy es martes, día 21 de marzo, y diréis, ¿qué tiene de especial esta fecha? Ayer comenzaba oficialmente la primavera en todo el hemisferio norte, una estación caracterizada por el rebrote del reino vegetal, el deshielo y el despertar de muchos seres vivos que han permanecido dentro de sus refugios durante meses. Los bosques recuperan el ajetreo de pequeños animales, el florecer de muchas especies… y es que no podía haber mejor fecha que esta para proclamar el Día Internacional de los Bosques.

¿Concienciación real o fotografía fácil?

¿Por qué existen tantos días internacionales? ¿Cuál es su finalidad? Según la ONU, sirven para:

“Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes[1]
Paseo por el bosque talado. Viñeta de El Roto
Hoy, 21 de marzo, se hace hincapié en la concienciación y sensibilización del ser humano para con los ecosistemas boscosos, así como con los árboles; sus usos, beneficios y su papel relevante en el desarrollo de las poblaciones (erradicación de la pobreza, sostenibilidad medioambiental, etc.). Este año el foco se centra en la relación entre bosques y energía, en este largo camino hacia un sistema basado en la sostenibilidad ambiental. Todos los mensajes, celebraciones, actividades que se están llevando a cabo en este día sólo son un pequeño grano de arena en la vasta duna que representa la lucha por la conservación de estos espacios.

Como ocurre con otras causas, la “foto del día” no soluciona el problema. Hoy no se acabará con la deforestación ni con las malas praxis de la industria maderera, tampoco con la desaparición de bosques autóctonos en favor de plantaciones masificadas, ni con la destrucción de refugios y la consecutiva expulsión de poblaciones indígenas y seres vivos que pueblan los bosques, ni con la especulación del suelo quemado, ni con la caza indiscriminada… y así podríamos seguir, rellenando una larga y vergonzosa lista de acciones que el ser humano está llevando a cabo contra el medio natural, en última instancia contra sí mismo, pues muchas veces se nos suele olvidar que no somos más que pequeñas piezas de un mundo mucho más amplio y antiguo.

En busca de la memoria del bosque

Cuando se nos habla sobre la conservación de los bosques, tendemos a englobar únicamente su dimensión física pero, ¿qué ocurre con su memoria? Traigo a colación mi caso personal. Como bien sabéis, hace unos años cursé la licenciatura de Historia y un máster en Estudios Medievales. Si ya de por sí muchas son las áreas de estudio que se quedan en el tintero, así como un lista muy variopinta de geografías (¿África, Asia, Indonesia?, ¿Qué es eso? Nótese la ironía…), imaginaos lo que ocurre con las disciplinas alejadas de la historiografía más tradicional. En el caso particular del bosque – y los ecosistemas en general- aparece únicamente como pieza clave de la actividad económica: ¿de dónde se extrae la madera y el carbón? ¿Dónde se caza, se pesca y se recolecta? ¿A quién pertenecen los terrenos y quienes los explotan? La foresta es, por tanto, esclava de las relaciones socio-económicas, es un recurso a merced del ser humano ¿Es cierta esta perspectiva? En cierto modo sí. La relevancia práctica del bosque y el árbol durante el devenir de la Historia es innegable, el problema viene cuando se confina a los ecosistemas a este “cercado económico”, sin tomar en consideración la verdadera dimensión de su influencia sobre las poblaciones. Y es que para algunos profesionales el estudio de las mentalidades, las fuentes literarias y artísticas, la tradición popular… son fuentes de segunda o incluso de tercera, como si realizar un trabajo de investigación sobre la faceta imaginaria del bosque fuera escribir una novela de fantasía (basado en hechos reales). Pero imagino que lo que  podría sentir la Lucía medieval, campesina, ante la imagen de un bosque nocturno, imponente, no debió de ser muy distinto a lo que sentiría yo en esa situación. Ninguna de las dos es un elfo de nivel 20, sino un ser humano acongojado ante los peligros reales e imaginados que personifica ese espacio.

Mujeres abrazadas a un árbol, pertenecientes al Movimiento Chipko
Afortunadamente, una vez que me introduje en este sendero –nunca mejor dicho- descubrí que hay mucha gente preocupada por recuperar la memoria del bosque, TODA su memoria, desde arqueólogos/as e historiadores/as como Della Hooke y sus trabajos sobre la importancia del árbol en el mundo anglosajón, Jacques le Goff y sus aportaciones a la Historia de las Mentalidades o Jacques Brosse con su amplia bibliografía sobre mitología arbórea; historiadores/as del arte como Ana Santamaría Fernández y su trabajo sobre el bosque en la visión de los artistas de la segunda mitad del siglo XX; biólogos/as como Aina S. Erice, quien divulga de manera muy amena y precisa el mundo vegetal, o Francis Hallé y su conocimiento de los bosques tropicales; periodistas como María José Parejo y su equipo, su Bosque Habitado, un programa radiofónico de obligada escucha para cualquier amante el reino vegetal; filólogos como Claude Lecouteux y sus estudios sobre los seres maravillosos en el ámbito germano-nórdico medieval, etc. Estos autores/as son solo representaciones del movimiento incipiente, real, que recuperó y sigue recuperando la memoria del bosque. Pero no sólo en el ámbito académico, periodístico o divulgativo encontramos estos ejemplos, pues hay una memoria viva que pervive en los medios rurales, en la gente mayor, en las plataformas ciudadanas y ecologistas, en las tribus,  desde Asturias a la India, al Amazonas o a Nigeria.


9 razones para descubrir el bosque

El corazón del bosque. Ilustración de Lucía Triviño, autora del blog.


Después de esta corta pero intensa reflexión, no se me ocurre una mejor manera de celebrar el Día Internacional de los Bosques que unirme a la iniciativa #DiscoverForest, mostrando unos pocos ejemplos sobre cómo podemos incluir al bosque en nuestra vida cotidiana. Allá van:

1. Plantar un árbol. Fácil, sencillo, para toda la familia y beneficioso para todo el planeta.

2. Respetar al resto de especies con las que compartimos el mundo. El ser humano no es imprescindible para el desarrollo de la vida en el planeta, somos una especie más, cuanto antes lo entendamos mejor nos irá a nosotros y al resto de especies.

3. Reencontrarse con el medio natural. Acudir a la naturaleza, observarla, respetarla, desde visualizar el vuelo de los pájaros, el cambio de estación… en fin, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

4. Respetar el medio natural. El reencuentro debe ser limpio y respetuoso. Los bosques, montañas, praderas o masas de agua no necesitan nuestros residuos. De igual modo que los habitantes del bosque no necesitan huir a causa de los disparos, ¡que ya bastante tienen con su estrés de herbívoros y carnívoros!

5. Recuperar el conocimiento natural. ¿Cómo se bajaría el carbón desde el bosque al pueblo? ¿Cómo se trabajaba en el bosque antes de la revolución industrial? ¿Cómo puedo reconocer hongos y no morir en el intento? ¿Si hiervo esta planta, la infusión combatirá mi dolor de estómago?

6. ¡Eso es cosa de cuentos! Sí. Leer, leer y leer. Hay un bosque escondido detrás de cada historia: los hermanos Grimm, Rudyard Kipling, Algernoon Blackwood, el ciclo artúrico, Layla y Majnun…

7. Ya me lo decía mi abuelo… escuchar y valorar los testimonios de nuestros mayores, atesorar ese conocimiento. El conocimiento es poder. ¿Por qué hay un tejo cerca de una iglesia? ¿Por qué la gente se sigue reuniendo bajo ese roble?

8. Transmitir el respeto por el medio a los más pequeños. Que conozcan la naturaleza que los rodea, en vivo y en libro.

9. Dejarse inspirar por el bosque. Escribir, dibujar, pintar, crear música… Hay muchas maneras de acercarse a este ecosistema, y no sólo es una cosa de nuestros antepasados. Quizás ya no nos acerquemos a venerar a la divinidad que vivía en la corteza del árbol, ni a admirar la creación de un ente divino ni a encontrar ese Absoluto del que nos hablaban los románticos; lo que está claro es que el bosque inspiró y sigue inspirando.


Concienciación, inspiración, respeto y memoria; para mí, cuatro claves para incluir el bosque en nuestra vida. Y vosotros/as, ¿Cómo descubrís el bosque?

Sin más dilación, os deseo a todos y todas un feliz Día de los Bosques. Acciones individuales en distintas partes del mundo crean una gran revolución, como dirían nuestros compañeros de El Bosque Habitado, una Revolución de los Conmovidos.

¡Os espero entre las Hojas!

martes, 1 de noviembre de 2016

BAJO EL INFLUJO DE LA LUNA: EL BOSQUE Y LA BRUJA


"Already have the feeling we might have to invoke some spirits", foto de Steven Meisel


«HALE: ¿Alguien te hace mal, niña? No tiene por qué ser mujer — ¿sabes?—, ni hombre. Tal vez viene a ti un pájaro que es invisible para los demás...; tal vez un cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera. ¿Hay alguna aparición que te incita a volar? (La niña permanece inerte. En silencio él vuelve a depositarla sobre la almohada. Ahora, extendiendo las manos hacia ella, entona): In nomine Domine Sabaoth sui filique ite ad infernos. (Ella no se mueve. Él encara a Abigail, entrecerrando los ojos): Abigail, ¿qué era lo que bailabas con ella en el bosque?
ABIGAIL: Bailes… Nada más.
PARRIS: Creo que yo debería decir que… que vi una marmita sobre la hierba, en donde estaban bailando.
ABIGAIL: Si eso no era más que sopa.
HALE: ¿Qué clase de sopa había en esa marmita, Abigail? 
ABIGAIL: Nada… sopa… y lentejas, creo, y…
HALE: Señor Parris, ¿usted no vio nada vivo en esa olla? ¿Un ratón, por casualidad, una araña, un sapo…?
PARRIS (temeroso): Yo… bueno… creo que algo se movía…[1]»      
  
Muchas son las historias de terror que se cuentan esta noche. Bajo las luces tenues, incontables paisajes aparecen como encuadre de criaturas temibles y fantasmagóricas. El bosque, como bien sabéis, es uno de los lugares más ligados al género de terror: bestias, demonios, asesinos, monstruos y brujas habitan escondidos en sus entrañas, apartados del mundo y cuidando celosamente sus dominios. Y es que, como no podía ser menos, esta noche queremos pedir permiso a las brujas para entrar en su bosque, en esa espesura que, en muchas ocasiones, se entiende como una verdadera extensión de sí mismas.

Una breve introducción a la figura de la bruja
El bosque y la bruja son dos entidades casi inseparables. En la actualidad, muchas de las brujas que conocemos, tanto dentro de la mitología, la literatura y el folklore, son figuras muy transformadas que, con el tiempo, marcaron huella en el imaginario colectivo como seres asociados al mal, pero, ¿esto ha sido siempre así?
Lady Gaga como la bruja del bosque en "My Roanoke Nightmare", 6ª temporada de American Horror Story
Si acudimos a Vladimir Propp y su obra Las raíces históricas del cuento, apunta que la maga o la bruja de la literatura infantil, es una derivación de las antiguas entidades femeninas asociadas a la fertilidad y que se presentaban como protectoras de las bestias salvajes. Y es que esta definición no se aleja de la realidad de esta figura. Estas entidades primigenias tenían la capacidad de comunicarse con los animales, de reconocer y usar las diversas especies vegetales que componían el bosque, de predecir el tiempo… La bruja inserta en nuestro imaginario es digna heredera de estos saberes y capacidades, reflejados de manera fidedigna en la composición de brebajes y hechizos, así como en su capacidad de metamorfosis y la compañía inseparable de algunos animales guía como el gato, la rata o el sapo.
Tras los procesos de cristianización, las brujas se convirtieron en seguidoras del diablo, comenzando un proceso alimentado por la misoginia que convertía a las mujeres en el foco del pecado. Persecuciones y denuncias marcaron la Edad Moderna tanto europea como americana, dejando marcados por brujería muchos enclaves geográficos. 
Estas figuras fueron temidas durante siglos gracias a la fuerte creencia en ellas y en sus habilidades para cambiar el rumbo de las vidas de sus congéneres, aunque nunca las hubiesen visto – “haberlas, hailas” –. Esta imagen cambiará con la llegada de los siglos XX - XXI, cuando el cine muestre un amplio abanico, desde la bruja más dulce hasta la más satánica. De igual modo, aparecerán nuevas religiones donde se mezclan elementos del viejo paganismo, muy influidas por la naturaleza, como la Wicca, que seguirán acudiendo al bosque a realizar sus rituales.

El refugio de la bruja: En las entrañas del bosque.
Cuando pensamos en la figura de la bruja, casi instantáneamente la localizamos en una cabaña o cueva en lo profundo del bosque. Además de sus orígenes, la elección de situar a la bruja en lugares aislados no es una casualidad: montañas, páramos, bosques… son paisajes de lo indómito donde la civilización no ha dejado su impronta. La bruja literaria, aquella que forma parte del imaginario del terror, se encuentra al margen de las normas sociales, es por ello que estos paisajes, y en concreto el bosque, es una de sus moradas predilectas.
Antes de la cristianización de Europa, muchos eran los pueblos que realizaban sus ritos dentro de los límites del bosque. Estos espacios se concebían como lugares sagrados donde se llevaban a cabo libaciones, ofrendas, bailes rituales y sacrificios, incluso de sangre. La diabolización de estas prácticas justifica, en parte, el por qué estos paisajes se prestan a albergar la brujería. Como hemos explicado en otras ocasiones, tanto las prácticas rituales como los seres mitológicos que poblaban estas arboledas se vieron transformados tras los procesos de cristianización. Hadas, sátiros, faunos y divinidades se convirtieron en brujas, íncubos, súcubos y demonios, los cuales alimentaron la leyenda negra del bosque y afianzaron su imagen de locus horridus.
Antes de las grandes obras literarias de terror, la primera referencia que tenemos sobre la bruja y el bosque son los cuentos infantiles. Los niños indefensos y perdidos acaban internándose en el bosque, sin rumbo, para terminar en la cabaña en sus profundidades: la bruja de Hansel y Gretel, la Baba Yaga eslava, la bruja de El encendedor de Yesca… Este personaje se presenta como una extensión de los peligros del bosque, que normalmente aparece representada como una mujer anciana, poco agraciada y cruel pero que poco o nada tenía que ver con el diablo. Sin embargo, esta figura poco a poco irá evolucionando, sobre todo con la llegada de la industria cinematográfica, más concretamente del género de terror, donde encontraremos brujas para todos los gustos y colores, como veremos al final de esta entrada: adolescentes, sensuales, luciferinas, etc.

El aquelarre[2] es una de las prácticas que más atención llaman dentro de la brujería. Esta palabra proviene del euskera – aker (macho cabrío) y larre (prado) “prado del macho cabrío” –. La RAE define esta práctica como “junta o reunión nocturna de brujos y brujas con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas". Actualmente esta es la idea más extendida, aunque hay que tener en cuenta que no todas las reuniones de brujas o brujos tienen por qué estar relacionadas con actividades luciferinas.
Y es que el aquelarre no se realiza en un único emplazamiento; su única premisa es localizar un sitio alejado de los núcleos poblacionales: bosques, cumbres, prados, páramos o playas. El siguiente fragmento extraído de un proceso tolosano refleja esta amplia variedad de paisajes. Y el texto dice así:
«Cada noche del sábado caía en un sueño extraordinario, durante el cual la transportaban al Sabbat. Interrogada sobre el lugar en que se celebraba éste, ha contestado que ora en un lugar, ora en otro: en los ribazos de Pech-David, en el bosque de Bouconne, en medio de la llana que se extiende entre Toulouse y Montauban. Otras veces más lejos todavía, en la cima de las Montañas Negras o de los Pirineos, y en países que le eran totalmente desconocidos[3]
Y es que muchas son las actividades que documentadas dentro de los aquelarres. Como ya hemos apuntado en apartados anteriores, las antiguas divinidades del bosque ahora son vistas como entidades demoníacas, lujuriosas. Acorde a esta concepción del aquelarre, las brujas entran en conexión con las fuerzas de la Naturaleza, viven libremente su sexualidad. Kramer y Sprenger, en el famoso Malleus Maleficarum, recogen estos pasajes de la siguiente manera:
«Pero en relación con cualquier observador, a menudo se ha visto a las brujas mismas echadas de espaldas en los campos de los bosques, desnudas hasta el ombligo, y resultaba evidente, por la disposición de los miembros que corresponden al acto y orgasmo venéreos, y además por la agitación de sus piernas y muslos, que invisibles para los presentes, habían estado copulando con demonios íncubos[4]».
Pero no penséis que estos lugares quedan alejados de nuestra geografía, pues el norte peninsular aún conserva topónimos que hacen referencia a estos lugares “brujeriles”, como el bosque de Sorginaritzaga o Robledal de las Brujas, en la zona de Roncesvalles. 
                                                                                                                                                
El bosque y la bruja en la industria cinematográfica.
En los apartados anteriores hemos trabajado con ejemplos provenientes de la literatura y el folclore, mayoritariamente pero nada provoca más impacto que la magia del cine, es por eso que hemos creído necesario dedicar un apartado específico para esta temática. Sabemos que hay numerosas cintas relacionadas con este tópico, mas no podemos incluirlas todas; es por ello que hemos elegido cuatro ejemplos donde esta relación se ve reflejada de forma más directa: El Proyecto de la Bruja de Blair – al que ya dedicamos una entrada que podéis consultar aquí –, Sleepy Hollow, la serie de WGN América, Salem y la película más reciente sobre esta temática, The Witch: A New England Folktale – podéis consultar el acertado análisis que realizaron sobre ella en Licencia Histórica –.










Fotograma extraído de The Blair Witch Project. Dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick y estrenada en 1999.






- “El Proyecto de la Bruja de Blair” marcó un antes y un después en el género de terror cinematográfico, pues no se limitaba a contar una historia narrada en tercera persona, sino que eran los propios protagonistas los que narraban su angustia pegados a una videocámara. Esta narración en primera persona acentúa el terror que puede llegar a provocar el medio: un bosque oscuro que la bruja conoce, siendo ésta capaz de mimetizarse con cada uno de los elementos que conforman Black Hills Forest. La leyenda cuenta que Elly Kedward, la supuesta bruja, fue desterrada al bosque en el siglo XVIII, cuando fue acusada por unos niños de rapto y desangramiento. Elly Kedward es una bruja vengativa y muy territorial, cuya historia ha maldecido hasta las raíces de los árboles. El bosque de esta película, por tanto, es una extensión de la misma bruja, un lugar ligado a la dramática historia de esta mujer y que solo acabará cuando ésta haya desaparecido. 
A diferencia de los otros ejemplos escogidos, en esta película no vemos una imagen física de la bruja, sino que su presencia se afianza a través de sombras y ruidos, pues muchas veces atemoriza más lo que no se ve. Esta manera de presentar el peligro está muy ligada al bosque, pues ante la oscuridad que reina entre los árboles, sonidos, pasos y pequeños fulgores son las mejores señales para alertarnos de que no estamos solos.

“- Escuche.
- No oigo nada.
- Ni yo. No hay pájaros, ni grillos. Todo ha quedado en silencio”.
Curiosamente, en esta versión de Tim Burton de la mítica leyenda de Washington Irving, la bruja del bosque no es aquello a lo que hay que temer sino al árbol de los muertos. La hermana de Lady van Tassel vive apartada en una cueva dentro del bosque. Su aparición es breve pero muy relevante, pues es ella quien facilita la dirección de la tumba del jinete sin cabeza. En esta ocasión, la bruja del bosque se teme, por el hecho de serlo y por los conocimientos que posee, pero no es la razón del sufrimiento ni pavor de la población ya que hay algo peor que ella. 
Este personaje se presenta como alguien apartado de la sociedad pero con un carácter amable, si lo comparamos con su hermana, una bruja vengativa instalada en el seno de la civilización. La bruja del bosque es temida por habitar en las entrañas del bosque, donde además reposa el jinete sin cabeza, cuando, sin saberlo, la peor de las dos urde desde el pueblo, un lugar considerado seguro.











Fotograma extraído de la serie Salem, 01x05: Lies, 2014
- “Salem”. Esta serie se estrenó en el año 2014 y cuenta actualmente con tres temporadas. En ella se nos relata el famoso pasaje de las brujas de Salem, con una fuerte carga de lo demoníaco y paranormal. Mientras que en pueblo transcurre lo cotidiano, en el bosque las brujas se preparan para el advenimiento de Mary Sibbley, una bruja que habita en Salem junto con su asistente, Tituba. Entre el devenir de estos dos mundos, llega al pueblo un cazador de brujas que está decidido a “purgar” Salem de ellas. 
En el bosque es donde se refugian las brujas más antiguas, donde se realizan los aquelarres y los bailes, reflejados en el fragmento inicial de esta entrada. Aun así, el bosque no es el único lugar en el cual se desarrolla la brujería pues, al igual que ocurría en Sleepy Hollow, las brujas viven tanto en el seno de la civilización como en la espesura. 

- “The Witch: A New England Folktale”. No podemos negar nuestra predilección por esta película, pues es, quizás, una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la brujería, con una estética muy cuidada que nos llega a recordar a los grandes maestros de la pintura, el tratamiento del paisaje, recalcando la personalidad y el simbolismo de cada elemento y por supuesto, lo bien que está documentada, reflejando en algunas escenas actos descritos en la documentación de la época.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
El bosque reflejado en “La Bruja” no es un simple contexto, es uno de los grandes protagonistas de la trama. Vemos muy bien reflejada la frontera entre los dos mundos: la granja que, aunque solitaria, sigue perteneciendo al mundo civilizado, y el bosque, el cual se alza imponente como el baluarte del mundo sobrenatural. Los niños juegan en los límites de la espesura hasta que, en un momento dado, la trama se deriva hacia las entrañas del bosque. La bruja tienta desde dentro, a través de sus múltiples manifestaciones: animales y humanas; tiene un marcado carácter maléfico y su objetivo es hacer sucumbir las débiles almas de la familia que habita en las lindes de sus dominios. Como ocurre en otras ocasiones, la bruja habita en una cabaña situada en el corazón del bosque, lugar al que uno de los niños llega tras ser atraído por ésta en forma de liebre.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
Y es que el bosque que aparece en esta película impone por sí mismo. Esta historia se desarrolla en los territorios de Nueva Inglaterra, donde crecen espesos bosques caducifolios que llenan de colores el paisaje otoñal. Los árboles que caracterizan este bosque son ejemplares de pino y abeto altos y robustos, los cuales cierran la entrada al bosque. Esta imagen real se combina con la proyección imaginaria del mal que alberga, pues el bosque es peligroso tanto por sí mismo como por la magia negra que vive en él. Al igual que ocurría en Salem, dentro de este paisaje también se llevan a cabo las reuniones de brujas pues, aunque durante toda la película se nos muestra a una única bruja y al macho cabrío, vemos como al final de la misma aparece un gran aquelarre donde las féminas bailan y danzan alrededor del fuego.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
 
Por tanto, bosque y bruja son casi dos elementos inseparables; el bosque por ser aquel paradigma de la otredad del que tantas y tantas veces hemos hablado y la bruja por ser uno de los estereotipos más representativos de la delgada línea entre ambas dimensiones. La bruja puede cambiar de carácter, siendo tanto benévola como malévola, pero el bosque se mantendrá como su morada predilecta.  

Filmografía

- 1999 - The Blair Witch Project. Dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. Trailer 
- 1999 - Sleepy Hollow. Dirigida por Tim Burton. Trailer 
- 2014 - Into the Woods. Dirigida por Rob Marshall. Trailer 
- 2014/15/16Salem. Serie de televisión. WGN América. 3 Temporadas. Trailer 
- 2015 - The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers. Trailer 
- 2016 – American Horror Story, Season 6: “My Roanoke Nightmare” Trailer

Bibliografía
- BURTON RUSSELL, J.: Witchcraft in the Middle Ages. Cornell University Press, 1972. Disponible parcialmente en Google Books.
- CARDINI, F.: Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval. Barcelona: Ediciones Península, 1982.
- CARO BAROJA, J.: Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza, 2015.
- KRAMER, H. / SPRENGER J.: Malleus Malleficarum. Ediciones Orión, 1975.
- MICHELET, J.: La Bruja. Un estudio de las supersticiones en la Edad Media. Madrid: Akal, 2012.
- MILLER, A.: Las brujas de Salem (The Crucible). Podéis leer la obra completa aquí
- PEDRAZA, P.: Brujas, sapos y aquelarres. Madrid: Valdemar, 2014.
- PROPP, V.: Las raíces históricas del cuento. Madrid: ediciones Encuentro, 1981



NOTAS

[1] MILLER, A.: Las brujas de Salem (The Crucible). Podéis leer la obra completa aquí.
[2] Por limitación temática no vamos a profundizar en las fases del aquelarre, pero si estáis interesados en el tema podéis acudir a la bibliografía que os proporcionamos al final de esta entrada.
[3] CARDINI, F.: Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval. Barcelona: Ediciones Península, 1982. p. 261.
[4] Fragmento extraído del Malleus Maleficarum.