lunes, 26 de septiembre de 2016

EL "JARDÍN BOTÁNICO" DE TUTMOSIS III EN KARNAK

Relieves con figuras botánicas en el Akhmenu. Fotografía tomada por Aroa Velasco, 2011.

En esta nueva entrada del blog abandonamos nuestro frondoso bosque para adentrarnos en las arenas de Egipto; mas no lo hacemos solas, pues en esta primera visita al país de Kemet tenemos un guía de lujo, nuestro proyecto amigo Papiros Perdidos. Egipto no es un lugar especialmente “verde”, pero esto no quiere decir que el reino vegetal no jugara un importante papel en su vida cotidiana y sus creencias, como veremos a continuación. Aunque parezca difícil encontrar puntos de unión entre nuestro exuberante reino vegetal y el árido desierto, este artículo es buen ejemplo de que existen, y bastantes. Ante la inexistencia de masas boscosas en dicho territorio, nos hemos decantado por la naturaleza domesticada, más concretamente por el “jardín botánico” de Akh Menu, o el Templo de las Fiestas, de Tutmosis III. La descripción del complejo y el contexto histórico conforman la primera parte de este artículo colaborativo; indispensable para contextualizar esta entrada. Para consultarlo no tenéis más que pinchar el siguiente enlace.

Sin más dilación, os invitamos a acompañarnos en nuestro paseo por el gabinete de curiosidades de Tutmosis III para conocer un poco más su variedad vegetal así como la importancia, tanto real como simbólica, que jugaba este reino en la vida y mentalidad del Antiguo Egipto.


Breve introducción al reino vegetal en el antiguo Egipto.

Egipto se encuentra en el extremo nororiental de África, limitando con el gigante asiático. La hostilidad de sus grandes masas desérticas se compensa con las fértiles orillas del río Nilo, alrededor de las cuales se desarrolló la civilización. Y es que donde existe una escasez de vegetación, es donde más se pone en valor su mera existencia, muy relacionada con el agua. La pareja formada entre agua y vegetal es un esquema que se repite en la práctica totalidad de la geografía mundial, concibiéndose como la combinación idónea para el renacer de la vida, pues el medio acuático representa en sí la fertilidad. A pesar de no poseer grandes extensiones de masa vegetal, en Egipto crecen plantas en las riberas y el Delta del Nilo, así como en los oasis. Alrededor del río se desarrolló una importante actividad agrícola, alternando los cultivos de secano y regadío: algodonales, cacahuetes, frutales, caña de azúcar, cereales, papiros, olivares, jazmines, adelfas, palmeras datileras, etc. Pero, como veremos en el siguiente apartado, no todos los ejemplares tenían la misma consideración, pues árboles como el sicomoro, la persea, el loto o la acacia sobrepasarán el ámbito puramente cotidiano para ocupar un puesto de honor dentro del mundo sobrenatural.

De igual forma, la presencia del río favoreció la creación y desarrollo de jardines y cultivos, organizados de muy diversas maneras. Podemos encontrar cuadras cultivables, terrazas, parques, jardines insertos en templos, contextos funerarios o estancias privadas de las residencias. En ellos crecerían viñedos, vegetales diversos, bosquecillos de olivares, árboles frutales, árboles de incienso, entre muchas otras especies. El jardín se presentaba como la antítesis a la hostilidad del desierto; un paraíso y refugio ordenado y seguro. No es de extrañar, por tanto, que encontremos numerosas escenas de jardines dentro de los templos y las construcciones funerarias, pues los árboles representados servirían para el disfrute del difunto en el Más Allá.

¿Cómo se representaba el reino vegetal en el Antiguo Egipto?

Podemos agrupar las representaciones iconográficas de árboles y plantas en dos grandes bloques: uno político, oficial –donde aparecen representados el rey o alguno de sus súbditos- y otro formado por los ámbitos religioso y funerario –individuos particulares que expresan sus creencias sobre la muerte y su paso al Más Allá de una manera más personal. El caso que nos ocupa puede encuadrarse en este primer grupo, siendo la talla de estas figuras el resultado de una expedición militar hacia Retenu. El gabinete de curiosidades, conformado por una amplia variedad de especies botánicas y zoológicas, fue consagrado al dios Amón:

«[…]todo tipo de vegetación extraordinaria, todo tipo de flores escogidas que se encuentran en la Tierra del Dios, y que son traída por Su Encarnación, cuando Su Encarnación se encontraba en Retenu para derrocar los países del norte, según lo que le había ordenado su padre Amón, el cual posa las tierras bajo sus sandalias desde este día hasta dentro de millones de años. Entonces Su Encarnación dijo: Tan cierto como que Re vive por mí y que mi padre Amón me ama, y todo esto ocurrió de verdad, no existe ninguna inscripción falsa, es por causa del bAw de Su Encarnación que él llegó de una tierra fecunda y joven para mí, y trajo sus productos. Si Su Encarnación hizo esto, es para que se pongan a disposición de mi padre Amón, dentro de su gran recinto el Akhmenu, para siempre[1]».

La sacralización del reino vegetal

Como ocurre en otras áreas geográficas, el reino vegetal en Egipto ocupa un importante lugar dentro de sus creencias. Los árboles, arbustos y flores servían como receptáculos de las fuerzas de la naturaleza, teniendo constancia de la asociación de algunos ejemplares con divinidades del panteón egipcio. Algunos ejemplos son la relación entre Osiris y el sauce, Horus y la acacia, Upuaut y el tamariz o las diosas Isis, Hathor o Nut con el famoso sicomoro. Este último ejemplar está asociado a la vida y vinculado a la entrada al Más Allá. Estas diosas se asociaban a la bóveda celeste, es por ello que los ataúdes estaban fabricados con la madera de este árbol y en la tapa superior se grababa el nombre de Nut, como si la diosa abrazara al difunto, recogido en una especie de útero de madera. De igual modo, los árboles nutren, sacian y dan sombra al difunto en el Más Allá así como los ejemplares arbóreos lo proporcionan a los vivos en la tierra, siendo muy famosa la pintura en la que se representa al faraón Tutmosis III siendo amamantado por la diosa Isis en su forma de árbol, ubicada en la tumba KV34.

 
Izq. Sicomoro con el tronco hundido; der. Tutmosis III amamantado por la diosa Isis, tumba KV34.

Y es que no cualquier madera era válida para servir como ofrenda, sarcófago o ser utilizada en un ritual o tallada. El simbolismo de cada árbol iba implícito en su madera por lo que, por ejemplo, un ejemplar con un carácter negativo no se usaría como ofrenda para un dios. Esta casuística no será propia de la antigüedad, ya que la relación entre el simbolismo de la madera y su uso seguirá vigente muchos siglos después, llegando a ver ejemplos de ello en la Edad Media y a posteriori.

Un paseo por el jardín botánico de Tutmosis III

Anteriormente apuntamos la diferenciación entre las representaciones del reino vegetal en el arte egipcio: contexto político y contexto funerario-religioso. Los grabados vegetales que encontramos dentro del gabinete de curiosidades de Tutmosis III pueden encuadrarse en el contexto político, pues no toda la vegetación que aparece representada existe en Egipto. Nuestra compañera Aroa Velasco explicaba muy bien la política exterior llevada a cabo por Tutmosis III, quien se expandió militarmente hacia oriente. Ya recalcamos la importancia del agua y la vegetación en el desarrollo de la vida en el Antiguo Egipto, por lo que no es de extrañar que, como bien preciado, las campañas militares en el exterior fueran acompañadas de la quema y tala de cosechas y árboles autóctonos. En este caso particular se nos muestran una serie de ejemplares vegetales pertenecientes a la zona de Retenu -actualmente asociada a los territorios de Siria y Palestina-, representando la flora del nuevo territorio anexionado a los dominios del dios Amón. Y es que si Egipto no destaca por poseer recursos madereros, las zonas montañosas de Siria y Palestina, junto con las actuales Turquía e Irán, se alzan como pequeños reductos de madera en mitad de la hostilidad del desierto.

El “jardín botánico” de Karnak lo componen relieves en piedra, donde tanto especies animales como vegetales se presentan a modo de catálogo en las paredes de la construcción. Ambas representaciones forman un conjunto mas, por limitación de espacio, no atenderemos al análisis de las aves grabadas sino únicamente a las representaciones botánicas. La identificación de las especies vegetales no es un trabajo fácil, pues la mayoría de las representaciones son figurativas y están exentas de realismo. El trabajo de los artistas egipcios para plasmar el mundo natural tiene detrás un amplio proceso de observación, algo que puede resultar cuanto menos contradictorio al no observar la intención de representar las especies de una manera minuciosa. Esta ausencia de realismo, junto a la perspectiva empleada en cada una, dificulta en gran modo la identificación precisa de cada especie. Esta ardua tarea fue llevada a cabo por Nathalie Beaux en su obra Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak, donde, con ayuda de botánicos, intentó reconstruir el exuberante jardín que decora las paredes de este lugar. Para la identificación de las especies botánicas se tuvieron en cuenta la flora de diversos territorios: el Mediterráneo, Oriente Próximo, Sudán, Egipto y las zonas norte y oeste tropical de África. En esta completa obra divide los ejemplares en dos grandes grupos: plantas extranjeras y extraordinarias, que a su vez se subdivide en monstruosas y remarcables. El modo de catalogación botánica consta de una ficha de cada especie, donde se recoge su nombre, características físicas, usos, hábitat y distribución; así como una útil comparativa de imágenes entre los calcos de las figuras y la planta real a la que se hace referencia. Su estudio recoge un total de 79 especies vegetales representadas, entre árboles, arbustos y flores.

- Plantas extranjeras

Se localizan en el muro Este de la sala 31, aunque aparecen acompañadas de ejemplares de plantas extraordinarias como la Nymphea o la Vitis Vinifera. Los ejemplos que encontramos aquí grabados aparecen representación, por regla general, una única vez.

Los testimonios sitúan estas plantas en la zona superior de Retenu, confines orientales y meridionales conocidos para los egipcios. Teniendo en cuenta la existencia de estos vegetales en un lugar tan alejado de su origen, ¿cómo pudieron los egipcios conocer estas especies? O bien a través de la observación de las mismas en el camino hacia Retenu, donde crecerían de manera natural, o bien porque habrían sido importadas desde allí hacia Egipto como un producto exótico.

Un ejemplo de este grupo lo tenemos en la kalanchoe lanceolata, distribuida por territorios del sur de África, África tropical y la India. Pertenece a la familia de las crasuláceas que puede crecer hasta 1.5 metros. Las hojas lanceoladas crecen escalonadas a lo largo de un tallo recto y sus flores tienen un llamativo color amarillento.

Kalanchoe lanceolata. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Plantz Africa y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

- Plantas extraordinarias:

Muchas de ellas son representadas de una manera poco común. La autora subdivide este grupo en otros dos bloques, diferenciando entre plantas monstruosas y plantas remarcables.

   - Plantas monstruosas: Ilustran fenómenos teratológicos[2] -bien sea fusión de ejemplares o componentes, proliferación o fisión- que afectan a las plantas. En la mayoría de los casos analizados se puede reconocer el ejemplar afectado y se localizan dentro de los límites del mundo conocido para los egipcios. Se sitúan en el Egipto anterior a Tutmosis III y son especies muy conocidas, puesto que se cultivaban en gran medida y aparecían comúnmente representadas en el arte egipcio. Los grabados reconocibles de estos ejemplares en los muros de Karnak aparecen de una manera simplificada y se localizan en casi toda la superficie de la construcción -a lo largo de los muros Sur, Oeste y Norte-. En el muro sur podemos encontrar frutos monstruosos, como los producidos por el Mimosups Laurifolia; o plantas monstruosas acuáticas como la Nymphaea nouchali o plantas monstruosas cultivadas como las Cucurbitaceae –dentro de esta familia podemos encontrar el melón, la calabaza o el pepino-, ambas representadas en el muro oeste. De igual modo, en el muro norte encontramos de nuevo representaciones de Nympheae así como de Ficus.

Como hemos visto, un ejemplo representativo de este subgrupo es la Nympheae nouchali. Se distribuye en zonas del Este de África, así como en el sudeste asiático. Es una especie perenne, de medio acuático. Sus hojas flotan en el agua y sus flores crecen independientes a través de un largo pedúnculo de color rojo, azul o amarillo. El loto tuvo un importante simbolismo en el antiguo Egipto pues se consideraba el primer vegetal creado, siendo una planta de la vida debido a su capacidad de profliferar.

Nymphaea Nouchalis. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Wikipedia y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

   - Plantas remarcables: en este grupo se incluyen aquellas plantas cultivadas antes del reinado de Tutmosis III y su clasificación se basa en su capacidad excepcional de multiplicarse y dar fruto, facultades muy remarcables a ojos de los egipcios, que consideraban el modo más evidente de reproducción de una planta era la producción de granos para germinar. Estos casos evidencian la importancia que se concebía en el Egipto Antiguo al reino vegetal, por simbolizar la exaltación de la abundancia y la fecundidad tanto en el plano real como en el conceptual. Podemos encontrarlas grabadas en los muros Este y Sur, con especies como el Punica Granatum –granada-, la Phoenix Dactylifera –palmera datilera- o la Vitis Vinifera –vid-.

Vitis Vinifera. Izq. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Wikipedia y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

Como se ve, las figuras aparecen situadas de una manera armoniosa, donde se entremezclan ejemplares variados de los grupos ya descritos. La disposición de los elementos hace ver la composición como un extenso catálogo de elementos naturales, cuya intención no es ser exhaustivo sino más bien sugerir el elemento botánico y zoológico representado.

Y una vez expuestas las figuras representadas en los muros del Akhmenu, el siguiente paso es explicar el por qué esas especies están allí grabadas en la piedra, qué interés despertaban para los antiguos egipcios. Como ha ocurrido durante toda la Historia, el ser humano se ha sentido atraído por aquello que no conoce y que le parece nuevo, exótico, precioso o maravilloso, y el caso egipcio no iba a ser una excepción. La curiosidad por especies botánicas y zoológicas animaba a la observación, cultivo o cría de las mismas, y en el caso de no existir en tierra egipcia, la importación de las mismas. En el caso concreto de la botánica, los intereses podían ir desde la belleza de la planta hasta su perfume, su calidad o su utilidad. De igual modo existía un interés por enriquecer los jardines, una tradición ya existente en la zona de Mesopotamia. En muchas ocasiones, estos ejemplares servían como ofrendas a los dioses. Los relieves del “jardín botánico” testimonian el reconocimiento de lo desconocido.

El rey, por tanto, le ofrece al dios Amón un amplio número de plantas exóticas -como símbolo de tierras extranjeras, es decir, el aumento de los dominios del dios en la tierra- y plantas extraordinarias –signos de profusión terrestre- en testimonio del poder que este le transfiere para gobernar en la tierra.

Relieves con figuras botánicas en el Akhmenu. Fotografía tomada por Aroa Velasco, 2011

¡Os espero entre las Hojas!



Bibliografía

- ABELLÁN, Alejandra: “El árbol de la vida en tradición egipcia” en Revista ArsGravis, 4, 2012. Disponible en el siguiente enlace: http://www.arsgravis.com/?p=3209 
- BAUM, Nathalie: Arbres et arbustes de l’ Egypte Ancienne. Departement Orientalistiek Leuven, 1988. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books. 
- BEAUX, Nathalie: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak. Peeters Press and Departement Orientalistiek Leuven, 1990. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books.
- GALÁN, José Manuel: “Carácter simbólico de algunos árboles y plantas en el Antiguo Egipto” en R. OLMOS, P. CABRERA, S. MONTERO (coord.): Paraíso cerrado, jardín abierto. El reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo. Ediciones Polifemo, Madrid, 2005.
- SEGURA MUNGUÍA, Santiago; TORRES RIPA, Javier: Historia de las plantas en el mundo antiguo. Universidad de Deusto: Bilbao, Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Madrid, 2009. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books.
- WILKINSON, Alix: The Garden in Ancient Egypt. The Rubicon Press, London, 1998.


NOTAS

[1] Texto situado en el noroeste del vestíbulo. Traducción realizada y facilitada por Aroa Velasco.
[2] Estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal

jueves, 31 de marzo de 2016

EL LESHII



Leshii. Ilustración de Ivan Bilibin, 1906

After a candle blows out, the narrator turns on the light only to be left alone with a "subtle scent in the room, of birch, of humid moss... [1]


El leshii es el protector de los bosques y las bestias salvajes de la mitología eslava. Su apariencia y modus operandi recuerdan al hombre salvaje, a medio camino entre el antiguo paganismo y la religión cristiana. Es muy usual encontrar ejemplares repartidos por toda la geografía europea, y no hace falta alejarnos mucho de la Península Ibérica para encontrarlos, pues en la tradición popular de Asturias, Cantabria o País Vasco el busgosu, el basajaun y la basandere protegen fielmente los bosques. Volviendo a la Europa oriental, la figura del leshii se encuentra repartida por un amplio número de territorios: Rusia, República Checa, Ucrania, Polonia, Lituania, Eslovaquia, Serbia… y dependiendo de la zona, los testimonios de los campesinos variarán algunos rasgos de su físico y su carácter. 

El leshii, espíritu del bosque y demonio 

Leshii deriva de les --> bosque. El leshii es considerado como el señor protector de los bosques y la fauna salvaje. Su figura encarna la dualidad propia de la naturaleza y el sincretismo entre el paganismo eslavo y el cristianismo.

La mitología eslava tiene una fuerte conexión con la naturaleza, en especial con los árboles. Sus paisajes están habitados por espíritus protectores que los guardan, mayormente hostiles respecto al ser humano. Con la llegada del cristianismo la creencia en estos seres se mantuvo con algunas modificaciones y añadidos. En el caso particular de la figura del leshii, adoptó rasgos propios del diablo cristiano, llegando a conocérsele como el demonio del bosque. El profundo respeto de los eslavos por sus bosques se transformó en terror en muchas ocasiones, pues no sólo debían hacer frente a los peligros reales de estos espacios sino también a los sobrenaturales.

El bosque, como ocurre en muchas mitologías, es un lugar peligroso y actúa como paradigma de otredad. Los eslavos conocerán a este mundo ajeno como chuzoi, en contraposición al espacio conocido, el nuestro, denominado suoi. El bosque eslavo es además un lugar de muerte pues se piensa que en él moran aquellas almas que no han encontrado descanso, tanto es así que, hasta el siglo XIX, se siguieron enterrando a suicidas y niños sin bautizar dentro de sus lindes.


¿Cómo se describe el leshii?

I looked, and bears, and with them wolves, foxes, hares, squirrels, elk, goats - in a word every sort of forest life and each in his own group, not mixing with the others, thronged out of the forest and past me and the horses not even looking at us; and behind the beasts with his knout over his shoulder and horn in his hands was “he himself”, and he was the size of a large belltower[2].

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de hablar sobre el aspecto del leshii es su capacidad de metamorfosis. Como señor del bosque puede transformarse a voluntad en cualquier elemento que componga sus dominios, desde árboles, animales salvajes como lobos, liebres o pájaros, animales domesticados como caballos, gallos o cochinillos, hasta pequeños hongos. De igual modo puede cambiar de tamaño, siendo tan alto como los árboles o tan pequeño como una brizna de hierba. Su capacidad de mimetizarse con el medio le permitía comunicarse con cada ser vivo del bosque, así como ocultarse de sus víctimas.

Su representación antropomórfica se asemeja a la de un campesino pero puede metamorfosearse en cualquier persona familiar para su víctima con la intención de atraerla hacia lo profundo del bosque. Aun así siempre habrá algún detalle que lo delate, como llevar la solapa de la chaqueta o los zapatos del revés, unos ojos grandes y muy brillantes o no proyectar su sombra.

Como se observa, no hay una única descripción física del leshii, el cual puede aparecer como un ser humano, puede ir vestido de blanco con una expresión terrorífica, tomar la apariencia de un árbol o de un animal o presentarse con los rasgos añadidos de un demonio, como alas, abundante pelaje negro, pezuñas de carnero, rabo o cuernos (que serían dorados en el caso del leshii zar). También se le describe portando una gran porra que simboliza su soberanía sobre los animales salvajes.

Jacques Brosse, en su Mythologie des Arbres, dice que tiene un aspecto antropomórfico, con la piel y la sangre azules, ojos exorbitados y cejas tupidas, cuerpo robusto cubierto de pelo y unas largas y abundantes cabellera y barba de color verde.


¿Cuál es su carácter? 

A diferencia de otros señores de los bosques, el leshii es muy hostil con los humanos. No le gusta que extraños recorran sus dominios sin respetarlos; Algunas de las acciones que pueden hacer despertar su ira son: dañar deliberadamente a las plantas ni los animales que habitan el bosque, perturbar la tranquilidad del bosque con gritos y silbidos o cazar en festividades determinantes del calendario cristiano, entre muchas otras. 

La especialidad del leshii es su capacidad de modificar el espacio, haciendo desorientarse al campesino osado que quedará atrapado en el bosque, morirá ahogado en un lago o despeñado por un barranco. Puede oírsele aullar, reírse a carcajadas, rugir, dar fuertes palmadas o silbar tan fuerte como el viento[3]. También será conocido como un demonio captador de almas que secuestrará niños y bebés sin bautizar.

Según algunas interpretaciones, los espíritus del bosque hibernarán durante el otoño, época en la que abandonarán los árboles y entrarán en un estado colérico que les hará correr por los bosques soltando aullidos y fuertes sollozos.


¿Cómo y dónde vive? 

Como no podía ser de otra manera, en lo profundo del bosque se encuentra la morada del leshii pero, al contrario de lo que se pueda pensar en relación a su carácter, no es una criatura solitaria pues vive de modo similar a los campesinos. Si un humano es llevado a la morada del leshii y logra escapar, nunca podrá volver a encontrarla.

Puede formar una familia con su cónyuge, la leshachikha, hijos e incluso con los abuelos. La familia del señor del bosque se alojaría en una cabaña, con perros guardianes e incluso ganado.

Normalmente se asocia un único leshii para cada bosque mas hay teorías que apuntan a una jerarquía de espíritus en las grandes masas boscosas, regidos por un leshii tsar[4].


Protecciones contra el señor del bosque 

El leshii es muy hostil con los seres humanos, es por ello que este temor y la necesidad de explotar el bosque para sus quehaceres, obligan a los campesinos a protegerse contra la ira de este espíritu. Es en este punto donde se puede observar la dualidad entre las viejas supersticiones paganas (como ponerse las cosas del revés) y el cristianismo. A continuación se recogen algunas de las protecciones más usuales que se deben llevar a cabo en un encuentro con el leshii:
  • Hacer la señal de la cruz.
  • Pronunciar alguna oración o frase mágica à “Come yesterday” o “Sheep’s mug, sheep’s wod[5]
  • Ponerse la ropa y los zapatos del revés y salir del bosque sobre nuestros pasos.
  • Hacerle reír repitiendo obscenidades.
  • Hacer círculos mágicos de fuego.
  • Disparándole un botón de bronce.
  • Si un campesino se pierde con su carro en el bosque, debe desenganchar y volver a enganchar el caballo del carro, así como los arreos y el collar, y salir marcha atrás de la foresta.
  • No entrar en el bosque el 4 de octubre pues es el primer día de la hibernación. En este día los espíritus del bosque se enzarzan en cruentas escaramuzas, arrancando árboles desde las raíces y persiguiendo a los animales salvajes.
    Pero no todas las relaciones entre los campesinos y el leshii tienen este carácter protector, pues también se han recogido evidencias de ofrendas para ganarse sus favores. Linda J. Ivantis cuenta en su Russian Folk Belief el caso de un campesino que se ganó el favor del leshii del bosque de St. John’s Eve a través de la representación de una curiosa escena.  Primero se derriba un álamo, después se apoya sobre el tocón con la punta mirando hacia el Este y se inclina sobre sus piernas invocándolo a través de las siguientes palabras: «not as a gray Wolf, not as a black raven, not as a flaming fir tree[6]».

Elisabeth Warner, en su breve tratado sobre Mitos Rusos, también recoge el ofrecimiento de presentes para poder trabajar seguros en el bosque. Estas ofrendas se dejarían en las encrucijadas de la foresta y consistirían en un huevo teñido de rojo o una rebanada de pan con sal.


Leshachikha, la señora del bosque 

Como se ha apuntado en líneas anteriores, el leshii podía formar una familia con esposa, hijos e incluso padres, pues bien, en este punto trataremos de describir a su consorte, la leshachikha. Esta señora del bosque ocupó un importante papel en la tradición popular eslava, llegando incluso a relacionarla, en ocasiones, con la famosa Baba Yaga de los cuentos[7].

Al igual que ocurría con el leshii, la descripción de su esposa no se limita a un solo patrón sino que podemos encontrar variaciones: una imagen horrible, de una criatura fea de grandes pechos; una muchacha desnuda deambulando por el bosque; o vestida de blanco con un sarafan[8] ricamente decorado.

En cuanto a los encuentros con ella, un testimonio de la región de Smolensk cuenta que si alguien se encuentra con la leshachikha en pleno parto debe lanzar algo por encima del bebé recién nacido, sin santiguarse ni pronunciar ningún rezo, y justo después salir corriendo de allí. Tras esto, la leshachikha lo perseguirá para demandarle si quiere dinero o una buena vida. Ante esta situación hay que saber elegir bien la respuesta pues, si el campesino elige el oro, al salir de los límites del bosque éste se transformará en negro carbón, quedando sin nada. Si por el contrario no pide nada a la señora del bosque, todos los esfuerzos del campesino tendrán asegurados el éxito.



BIBLIOGRAFÍA 

- BONNEFOY, Yves. Diccionario de mitologías; edición de Carlota Casas Baró. Barcelona: Blacklist, 2010.
- BROSSE, Jacques. Mythologie des arbres. París: Editions Payot & Rivages, 2001. 
- DIEZ DE VELASCO, Francisco. Introducción al estudio de las religiones. Madrid, 2002. Disponible aquí.
- ELIADE, Mircea. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Volumen III: De Mahoma a la era de las reformas. Barcelona, Buenos Aires, México: Paidós, 1999.
- J. IVANTIS, Linda. Russian Folk Belief. New York: M. E. Sharpe Inc., 1992. Disponible parcialmente en Google Books 
- R. S. RALSTON, William. Russian Folk-tales. London: Smith, Elder & CO., 1873. Disponible en Google Books 
- WALSH, Harry. “Christian-pagan syncretism in Russian “ruralist” prose” en Religion & Literature. Vol. 27 nº2, 1995. pp. 69-86. Disponible aquí. 
- WARNER, Elisabeth. Mitos Rusos. Traducción de Marta Sánchez-Eguíbar. Madrid: Akal, 2005. Disponible parcialmente en Google Books.
- ZOCHIOS, Stamatis. “Baba Yaga, les sorcières et les démons ambigus de l’Europe orientale” en Revue Sciences/Lettres (en línea), 4, publicado el 5 marzo de 2016. Disponible aquí.



NOTAS
[1] «Cuando la vela se apagó, el narrador encendió la luz quedando solo en el cuarto con un olor a abedul, a musgo húmedo…» Extracto de Nezhit (The Wood- Sprite) cuento de Vladimir Nabokov publicada en 1921 donde se relata un encuentro con el leshii, el cual ha sido exiliado a causa de la destrucción de sus dominios. 
[2] «Vi osos, y junto a ellos lobos, zorros, liebres, ardillas, alces, cabras – en una palabra, cada ser vivo del bosque y su grupo, no mezclados con otros, la multitud salió del bosque y nos pasaron a mí y a mis caballos sin mirarnos; y detrás de las bestias con la porra sobre su hombro y el cuerno entre sus manos estaba él mismo (leshii), y era del mismo tamaño que un campanario.» Testimonio de una anciana de la región de Kaluga recogida en J. IVANTIS, Linda. Russian Folk Belief. New York: M. E. Sharpe Inc., 1992. p. 65. 
[3] Se creía que bailaba con su esposa en el interior de un torbellino, el cual atrapaba a las víctimas y las movía de lugar. 
[4] Un zar. 
[5] Ibidem. p. 67. 
[6] «no como un lobo gris, no como un cuervo negro, no como un abeto llameante» Ibidem. 
[7] ZOCHIOS, Stamatis. “Baba Yaga, les sorcières et les démons ambigus de l’Europe orientale” en Revue Sciences/Lettres (en línea), 4, publicado el 5 marzo de 2016. p. 7. 
[8] Traje tradicional femenino de las regiones del norte de Rusia. Es propio del ámbito campesino y se colocaba como un sayo encima de una camiseta.