EL BOSQUE Y LA GUERRA EN LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA II: LITANAM Y TEUTOBURGO


Bosque de Teutoburgo con neblina. Fotografía de Caroline Seidel. Fuente: National Geographic

En la entrada anterior apuntábamos la escasez de detalle en las descripciones de bosques en las fuentes, aunque con algunas excepciones. Si atendemos a lo que se nos cuenta, tanto la Galia como Germania podrían pintarse de verde, aunque ya os advertimos de que esto no siempre atendía a una realidad física, en tanto en cuanto sirviera de apoyo a un mensaje intencionadamente político y propagandístico. A diferencia de la descripción que ya hiciera Julio César de la selva Hercinia, con fauna incluida, las referencias a bosques en el plano militar no destilan una imagen halagüeña. Tácito recoge, en su famosa Germania, esta concepción: 

La tierra, aunque hay diferencia en algunas partes, es universalmente de vista horrible por los bosques, y fea y manchada por las lagunas que tiene —Terra etsi aliquanto specie differt, in universum tamen aut silvis horrida aut paludibus foeda, umidior qua Gallias—. Por la parte que mira las provincias de las Galias es más húmeda, y por la que el Norico y Panonia, más sujeta a aires. Es fértil de sembrados, aunque no sufre frutales; tiene abundancia de ganados, pero no de aquella grandeza y presencia que en otras partes (Tácito, Germania, 5) 

En la primera parte de esta entrada os comentábamos que los términos más habituales para referenciar al bosque eran saltus y silva, pues bien, aquí vemos como el autor ha usado el segundo y, además, ha incidido en remarcar su apariencia horrida. Y es que, si pensamos en los resultados militares romanos en territorio germano, podemos llegar a entender que la maquinaria propagandística no describiera estos parajes como el jardín de las Hespérides precisamente; tiene que repeler. 

Y de una visión general pasamos a casos concretos. Juramos que no tenemos nada en contra de los romanos, pero es en sus derrotas donde el bosque brilla más. Seguro que con este matiz ya habéis puesto nombre a las batallas a las que vamos a referenciar: Litanam y Teutoburgo. Antes de entrar en harina, advertimos que dejaremos fuera de esta entrada las referencias a la sacralización de los bosques, una temática extensísima en la que estamos trabajando para ofreceros contenidos y actividades futuras.


El bosque de Litanam


Vamos a situarnos en el año 216 AEC, en el transcurso de la II Guerra Púnica. Lucio Postumio fue nombrado pretor y enviado a la Galia Cisalpina, donde encontró la muerte en un enfrentamiento contra los boios. Tito Livio nos los cuenta así en el libro 23 de su Historia de Roma

Llegó la noticia de un nuevo desastre… el aniquilamiento en la Galia del cónsul electo L. Postumio y de su ejército. Había un extenso bosque – los galos lo llamaban Litanam- por el que tenía que conducir al ejército. Los galos cortaron los árboles de ese bosque a ambos lados del camino de tal modo que estuviesen enhiestos, pero que cayeran al recibir un ligero impulso. Postumio tenía dos legiones romanas y había hecho tal leva entre los aliados del mar superior que llevaba hacia el territorio de los enemigos veinticinco mil soldados. Los galos, habiéndose apostado en la parte final del bosque, dan un empujón a los últimos árboles cortados tan pronto como la formación penetró en la espesura; al caer unos sobre otros, inestables de por sí y mal sostenidos, sepultaron con efecto multiplicador armas, hombres y caballos, de manera que apenas si escaparon diez hombres. Pues como la mayoría estaba aplastado por troncos y los trozos de las ramas, los galos, que con las armas prestas estaba apostados por toda la espesura, dieron muerte a los demás, que estaban aterrados por el inesperado desastre, capturando de entre gran número a cuantos que fueran copados cuando se dirigían al puente del río, vigilado ya de antemano por lo enemigos. Allí cayó Postumio luchando con todas sus fuerzas para no ser capturado. (Tito Livio: Ab Urbe Condita, XXIII, 24, 6-11) 

Este bosque presenta un perfil muy interesante, tanto en el plano militar como en el religioso, y explicamos. En nuestro Érase una vez… el Bosque ya recurrimos a este pasaje para contextualizar el capítulo sobre árboles movientes debido a la sutil estrategia de derribar los troncos de los árboles sin, aparentemente, mucha acción humana. Tanto en este caso como en el siguiente, vemos repetidas estas estrategias de ataque sorpresivo que, reforzadas por el camuflaje con el medio, darán una falsa ilusión de que es el propio bosque el que ataca. 

Y es que esta arboleda es más de lo que parece. Tito Livio nos cuenta que los galos la llaman Litanam. Investigadores como Guyonvarc’h relacionan la etimología de esta palabra con términos célticos que podrían hacer referencia al Más Allá. Concretamente, este autor intenta alzar puentes entre Litanam y los árboles de un viejo conocido, el Cad Goddeu. Por tanto, etimológicamente, Litanam podría asimilarse a términos como el irlandés Letha, el galés Llydaw o el galo Litana-Litavis. Letavia, dentro del contexto de la geografía sagrada, podría traducirse como “país llano”, a su vez relacionado con el término lanum, que sería un lugar privilegiado para el encuentro entre dimensiones. 

En conclusión, podemos deducir que el bosque de Litanam, al igual que ocurría con otros paisajes de las campañas militares en la Galia, como Masalia, no era una simple arboleda, sino que podría estar sacralizada.
 

Masacre en Teutoburgo 


Podemos situar el saltus Teutoburgiensis en la actual región boscosa de la Baja Sajonia, cerca de Osnabrück. La arqueología ha sido fundamental para confirmar dónde se llevó a cabo la batalla. En el siglo XIX se afirmó que su ubicación se encontraba en Detmold, a unos 74 km al este de su verdadera ubicación. El fallo de localización es muy fácil de recordar ya que fue allí donde se levantó la famosa estatua en honor al jefe querusco, Arminio. En 1987 fue Tony Clunn quien, bajo autorización de las autoridades arqueológicas de Osnabrück, descubrió más de un centenar de monedas de época de Augusto en la zona cercana al cuello de botella, del que os hablaremos dentro de muy poquito. Esto sólo fue el principio, ya que en 1992 ya se habían recuperado miles de objetos de carácter militar, además de huesos humanos y de animales de carga. Pero no empecemos la casa por el tejado. Vamos a programar el Delorean para viajar hasta el año 9 de nuestra era. 

Germania Magna, año 9. El ejército comandado por Varo marchaba en primavera hacia el este, desde el río Rin hacia el Elba, con el objetivo de recaudar impuestos y afianzar la presencia romana en la zona. A principios de otoño, la columna tomaba dirección hacia los campamentos de invierno cuando llegaron noticias de sublevaciones en el norte. Estas nuevas eran una farsa compuesta por Arminio para atraer al ejército hacia el norte y así poder emboscar y debilitar a las tropas. Segestes trató de advertir a Varo de las intenciones del jefe querusco, pero éste no le creyó, ya que Arminio gozaba de la plena confianza del romano. Desatendiendo las advertencias, Varo tomó un desvío mayor del esperado, conduciendo a sus tropas hacia el norte de la débil provincia. La columna estaba formada por tres legiones, además de las tropas auxiliares, de las que sobrevivieron un porcentaje reducido. Las cifras de víctimas rondan entre las 15.000 – 20.000, por lo que no podemos hablar de una aniquilación total pero sí de una masacre de grandes dimensiones. 


Ilustración propia



La estrategia de Arminio 

A medida que la columna se dirigía hacia el norte, algunos destacamentos germanos iban abandonando el grueso de las tropas bajo el pretexto de conseguir más ayuda externa y volver a adherirse en días posteriores. Estos grupúsculos llevarían a cabo las primeras bajas humanas, atacando a efectivos diseminados por el camino. 

Ya sabemos que una de las principales bazas de Arminio, podemos decir que la principal, era contar con la plena confianza de Varo, pero esta ventaja tenía un tiempo limitado, así que, ¿qué estrategias planeó para acabar con la ingente masa militar que se dirigía hacia él? 

  • Como se había formado bajo el ala romana, el jefe querusco conocía las debilidades del ejército. Cuando transitaban por lugares amigos, solían hacerlo en modo de columna, dejando al aire muchos puntos débiles. Y es normal, ¿no? Si confías en la seguridad de un terreno, no esperas sorpresas. 
  • La columna romana no sólo estaba compuesta por efectivos humanos, sino que también los acompañaban mujeres, niños, animales de carga y carromatos, que llegarían a convertirse en una pesada carga a la hora de atravesar el bosque. 
  • Los germanos conocían perfectamente el contexto boscoso y, llegado el momento, podían hostigar a las tropas romanas para dirigirlas hacia terrenos bastante comprometidos. Aprovechando la espesura de las coníferas y las malezas del sotobosque, flanquearían el paso de la columna y desde sus escondites comenzarían el ataque con armas arrojadizas. 


Y comienza la batalla 

El hostigamiento se prolongó, casi sin tregua, durante cuatro días. Con las tropas germanas escindidas del grueso de la columna y estratégicamente situadas entre la maleza, comenzó el primero de muchos ataques. Dion Casio describe minuciosamente esta primera emboscada y el contexto de confusión: 

Las montañas presentaban un terreno escarpado y desigual. Los árboles eran sólidos y desmesuradamente grandes, de tal manera que los romanos, incluso ya antes de que los enemigos cayeran sobre ellos, ya se habían agotado talando árboles, abriendo caminos y tendiendo puentes allí donde fuera necesario. Llevaban, además, muchos carros y acémilas, tal y como se hace en tiempos de paz. Y los seguían no pocos niños y mujeres, además de todo el resto de la servidumbre. Por esta razón, la columna se iba dispersando en exceso. Y entonces cayó una fuerte lluvia y se levantó mucho viento, lo que contribuyó a dispersarlos aún más. El suelo, que se había vuelto resbaladizo a causa de las raíces y troncos, hacía que el avance fuera todavía más penoso. Las copas de los árboles que se rompían y caían al suelo aumentaban el desconcierto. Mientras los romanos afrontaban tamañas dificultades, los bárbaros los rodeaban, de repente, por todos los lados a la vez, aprovechando los senderos más cubiertos por la maleza puesto que conocían bien las rutas. En un primer momento se contentaron con disparar a distancia pero, a continuación, como nadie repelía el ataque y causaron muchos heridos, avanzaron al encuentro de los soldados romanos. (Dion Casio, Historia Romana LVI, 20) 

Este fragmento nos ofrece mucha información sobre el medio. Nos habla de un terreno bastante irregular, de considerable espesura, al que además había que sumar unas condiciones climáticas desfavorables. Es interesante comprobar cómo se remarca que el primer gran enemigo de los romanos no son los germanos, sino el propio bosque. Es probable que, entre tanta confusión, las tropas romanas no pudieran ubicar con precisión de dónde provenían los proyectiles, jabalinas y lanzas, como si el mismo bosque las escupiera desde la maleza. 


Recreación de la batalla de Teutoburgo. Total War: Rome II. The Creative Assembly. Fuente: Gamingnexus


La primera noche lograron construir un campamento fortificado en una colina boscosa, pero a partir de la segunda todo se fue tornando mucho más rudimentario. Las repetidas emboscadas germanas iban mermando a unas tropas ya agotadas. La tormenta embarró el terreno y empapó las armaduras de los soldados, inutilizando algunas de sus armas y ralentizando el avance hasta enclaves más seguros. Además, la tupida vegetación impedía desplegar la caballería y la infantería. La situación de hastío, terror y desesperación presentó al suicidio como la mejor de las muertes, por lo que muchos cargos romanos, entre ellos Varo, prefirieron quitarse la vida antes de caer en manos germanas. 

El cuarto día, los supervivientes huyeron a la desesperada hacia el este, con tan mala suerte que quedaron atrapados en un cuello de botella muy estrecho: Kalkriese. Esta zona estaba rodeada por montañas y bosques. Justo en ese punto, el monte delimitaba la zona oeste, y un pantano el este. Este estrecho se convirtió en una ratonera. Gracias a los restos arqueológicos, sabemos que en esa zona los germanos construyeron un largo terraplén con varias aperturas y salientes que se mantendría camuflado con hierbas y ramajes. 


                                                          Recreación de la batalla de Teutoburgo. Total War: Rome II. Fuente


«Varo, devuélveme mis legiones» 

Líneas más arriba comentábamos que, aunque la batalla de Teutoburgo fue una masacre, hubo supervivientes. Los que tuvieron más suerte, lograron alcanzar el Rin. Atemorizados por la traumática experiencia vivida y sin conocer la geografía, podrían haber identificado Teutorburgo con cualquier masa boscosa del norte. Los menos agraciados fueron capturados por las tribus germanas, o bien para usarlos como esclavos o bien como ofrendas de sangre. Además de los cautivos, se hicieron con el botín y con las águilas de las tres legiones. 

Tiempo después, Augusto envió a Cecina a Teutoburgo, quien se desplazó junto con cuarenta cohortes, para rendir honras a los caídos. Al llegar al lugar, más que un bosque, parecía un cementerio. Tácito lo recoge así en los Anales: 

Tras enviar por delante a Cecina con la misión de explorar las partes escondidas de los bosques y de tender puentes y terraplenes sobre el suelo húmedo y poco seguro de los pantanos, penetran en aquellos tristes lugares de aspecto y memoria siniestros. El primer campamento de Varo, por lo amplio de su recinto y las medidas del puesto de mando, denotaba el trabajo de las tres legiones. Luego se veía que los restos ya diezmados del ejército se habían asentado en una fortificación que se hallaba medio derruida, con una trinchera de escasa profundidad. En mitad del llano, huesos blanquecinos, esparcidos o amontonados según hubieran huido o resistido. Al lado yacían trozos de armas y restos de caballos; también había cabezas clavadas en los troncos de los árboles. En los bosques cercanos estaban los altares de los bárbaros, ante los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los centuriones de los primeros órdenes. (Tácito, Anales I, 61) 

 Coming back to Teutoburg Forest Battle scene. Ilustración de Vilius Petrauskas para Desperta Ferro. Fuente: Artstation

Tras la derrota de Varo, las luchas entre germanos y romanos prosiguieron y, aunque hubo oportunidades de volver a repetir un Teutoburgo 2.0, la indisciplina de los germanos les jugó una mala pasada esta vez. Mantener Germania era demasiado costoso, así que, con el tiempo, Roma fue retirándose paulatinamente de la tierra del bosque extenso.



¡Os espero entre las hojas!



BIBLIOGRAFÍA

Fuentes primarias
  • DION CASIO: Historia Romana L-LX. Traducción y notas de Juan Manuel Cortés Copete. Madrid: Editorial Gredos, 2011. Podéis consultarlo aquí
  • PLINIO EL VIEJO: Historia Natural. Madrid: Editorial Gredos, 2010. 
  • TÁCITO, Cayo Cornelio: Germania. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006. Podéis consultarlo aquí
  • TÁCITO, Cayo Cornelio: Anales. I-VI. Introducción, traducción y notas de José Luis Moralejo. Madrid: Editorial Gredos, 1979. Podéis consultarlo aquí.
  • TITO LIVIO: Historia de Roma desde su Fundación XXI-XXV. Traducción y notas de José Antonio Villar Vidal. Madrid: Gredos, 1993. Podéis consultarlo aquí.

Fuentes secundarias 
  • ESTEBAN RIBAS, Alberto Raúl: “El desastre de Varo en Germania”, en Historia Rei Militaris: Historia militar, Política y Social. Nº 7, 2014. pp. 58-70. Podéis consultarlo aquí
  • GARCÍA QUINTELA, Marco V.: “Las Puertas del infierno y el Río del Olvido (un tema mítico céltico en la etnografía ibérica de Estrabón)”, en Gallaecia: Revista de arqueoloxía e antigüidade, Nº 16, 1997. pp. 145-157. Podéis consultarlo aquí
  • LE ROUX, Pierre: “Les Arbres Combattants et la Forêt Guerrière. Le mythe et l’histoire”, en Ogam. Tradition Celique. Nº 61, Tome XI, 1959. pp. 1-10. Podéis consultarlo aquí (PDF) 
  • QUESADA SANZ, Fernando: “Héroe y traidor. Arminio y la masacre de Teutoburgo (9 d.C.) ayer y hoy”, en GONZÁLEZ SAAVEDRA, B. & GUIJARRO RUANO P. (eds.): La delgada línea roja. Héroes o traidores del mundo antiguo. Madrid: Sociedad Española de Estudios Clásicos, 2019. pp. 115-171. Podéis consultarlo aquí

Para saber más… 

  • Podéis comprar aquí el número 39 de la revista Desperta Ferro, dedicado íntegramente a la batalla de Teutoburgo. También tenéis extras que podéis consultar en esa misma página.
  • ÖSTENBERG, Ida: “Defeated by the forest, the pass, the wind: Nature as an enemy of Rome”, en CLARK, Jessica H.; TURNER, Brian (ed.) Brill's Companion to Military Defeat in Ancient Mediterranean Society,  Brill: Leiden, 2017. pp. 240-261. Podéis consultarlo aquí.

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