domingo, 1 de marzo de 2015

EL BOSQUE EN LA LITERATURA INFANTIL: SIMBOLOGÍA Y REPRESENTACIÓN


Abstract: If I say "children's tales"... What kind of landscape do you imagine? If your answer is forest you'll enjoy this article. This week, we're talking about the role and representation of forest in children's tales. It plays as a refuge of witch, frontier, rite of passage and feared place.

Key-words: art, forest, children's tales, symbolism.

Résume: Si je vous dis contes des enfants... Quel paysage est-ce que vous imaginez? Si votre réponse c'est la forêt, vous allez aimer cet article. Cette semaine nous parlons sur le rôle et la représentation de la forêt dans les contes des enfants. Il tient le rôle de refuge de la sorcière, d'une frontière, de rite de passage et de lieu redouté.

Mots clés: l'art, la forêt, contes des enfants, symbolisme.

Intentemos recordar por un momento nuestros cuentos de la infancia… ¿Dónde los encuadramos? ¿Qué paisajes y espacios estructuramos en nuestra mente para contextualizarlos? Seguramente más de uno se ha imaginado un castillo o un paisaje verde y boscoso, claro u oscuro, ¿No es así? Si así ha sido no nos sorprende, pues el bosque ha quedado irremediablemente ligado a la literatura infantil. En este artículo se pretenden establecer unas pautas para definir el papel y la representación de estos espacios en los cuentos infantiles.


La simbología del bosque
La imagen de la floresta que se proyecta en estas historias es el vivo reflejo de la concepción real que se tenía de este espacio. Es normal que en los cuentos clásicos, muchos con raíces medievales, se muestre a este espacio como un prototipo de locus horridus. Esta imagen se aleja de la concepción actual, mucho más clara y positiva, donde el bosque es el protagonista de muchos cuentos que transmiten un mensaje de respeto por la naturaleza y los seres que en ella habitan.
El bosque como locus horridus lo vemos representado en numerosos cuentos (y en sus respectivas adaptaciones cinematográficas), donde el ramaje espinoso y frondoso lo dotan de un aspecto feroz ¿Qué papeles puede interpretar la floresta en estas historias?


Caperucita, de Gustave Doré
1. Obstáculo transitorio: como ocurre en el cuento de Caperucita Roja. En un gesto irresponsable, la madre manda a su hija a casa de su abuela para llevarle víveres. No tildaríamos esta orden así si no fuera porque la niña debe atravesar sola el profundo y peligroso bosque, y no solo eso sino que lo hace con una capa roja. Entre otros muchos simbolismos del color rojo está la advertencia y el peligro. En su periplo por el bosque, siempre sin salirse del camino establecido, la pequeña niña se encuentra con el lobo. No podríamos imaginar otro animal pues este bello mamífero carga con el peso de una tradición de malos atributos desde hace muchos siglos. Según apunta Bettelheim, el lobo no ataca a la niña en el bosque por una sencilla razón: porque está lleno de leñadores. El bosque, a pesar de ser la contraposición del mundo construido, es un provechoso espacio para el hombre pues allí abastece su despensa y su hogar. Los estudios sobre el análisis de esta obra son muy diversos, aunque el bosque forme una parte muy pequeña en ellos. Lo que hemos intentado hacer en este pequeño párrafo es dar sentido al bosque en esta obra, obra que se remonta hasta la Edad Media, sin centrarnos en la psicología de los personajes. Lo que está claro es que cuando Perrault recuperó el cuento, el bosque seguía conservando la simbología negativa que ya poseía siglos atrás.


Hansel y Gretel, por Natasha S. Rosenberg
2. Lugar de abandono: cuyos ejemplos más representativos son Pulgarcito, la versión de Perrault, y Hansel y Gretel. En ambas obras se repite el motivo del abandono de niños en la espesura. Como lugar horrible y peligroso que es se piensa que allí morirán pronto, ya sea por no poder alimentarse o por ser devorados por las fieras. La práctica de abandonar de niños en el bosque es una realidad histórica pues se llevaba a cabo cuando las familias no podían mantener a su progenie. 

“Fueron a un bosque muy tupido donde, a diez pasos de distancia, no se veían unos a otros. El leñador se puso a cortar leña y sus niños a recoger astillas para hacer atados. El padre y la madre, viéndolos preocupados de su trabajo, se alejaron de ellos sin hacerse notar y luego echaron a correr por un pequeño sendero desviado. Cuando los niños se vieron solos, se pusieron a bramar y a llorar a mares[1]

Si volvemos a recurrir a Bettelheim, nos describe a unos niños paralizados por el miedo.  El bosque y el trauma por haber sido abandonados anulan la inventiva y la capacidad de los niños que, aterrorizados, tienen que vagar en un espacio alejado del mundo civilizado. Al estar solos y alejados de la protección de sus progenitores, los niños ven el bosque como una selva oscura, un pozo de terrores a los que tienen que hacer frente.
Al mismo tiempo, el cuento de Hansel y Gretel encarna dos realidades muy dispares: el bosque es el lugar horrible donde vive la bruja pero también en él se encuentra el hogar de sus padres, un sitio seguro. 


Escena de Blancanieves y los siete enanitos. Walt Disney, 1937
3. Huida forzada: en este caso hemos elegido el cuento de Blancanieves, quien huye al bosque expulsada por su madrastra. El cazador debe arrancarle el corazón y llevárselo como trofeo pero en el último instante se apiada de la joven niña. Esta, asustada, hace caso al cazador y huye al bosque:

“La pobre niña se encontraba en medio de los grandes bosques, abandonada por todos y con tal miedo que todas las hojas de los árboles la asustaban. No tenía idea de cómo arreglárselas y entonces corrió y corrió sobre guijarros filosos y a través de las zarzas[2]

En su fuga, la niña se siente muy pequeña ante la inmensidad de los árboles. El paisaje oscuro y tétrico hacen que el miedo y la soledad quiebren el ambiente; ambiente que se regenera con la aparición de la cabaña de los enanos. Este pasaje fue muy bien adaptado por Walt Disney en la película de 1937.  


La Bella Durmiente, de Herbert Cole, 1906. Ilustración incluida en Fairy Gold A Book of Old English Fairy Tales
4. Aventura, prueba y rito de iniciación: este apartado es la clara evolución de las pautas que ya establecimos para las novelas de caballería. Bien es cierto que el personaje no tiene por qué ser masculino, ni caballero. El papel del bosque en esta categoría es, sobre todo,  el de prueba. La apariencia de selva oscura aumenta la heroicidad del protagonista. Pero no es el mismo bosque en sí el más peligroso sino lo que guarda en su seno: ogros, brujas malvadas, bestias, etc. El bosque es el hábitat de la magia, paradigma de la “otredad”.

En cuanto al espacio de iniciación, el bosque sirve como espacio transitorio, pues el héroe entra siendo un niño (psicológicamente) y sale habiendo alcanzado la vida adulta. Los terrores y peligros de los que ya hemos hablado actúan metafóricamente como los obstáculos a superar en este paso de etapas.

El motivo más conocido es, sin duda, el rescate de la doncella. Comúnmente el héroe debe cruzar el bosque para encontrar a la princesa. A veces la vegetación resulta un arduo obstáculo y otras una ayuda.  Para ilustrar esta última casuística vamos a usar un precioso fragmento de la versión que los hermanos Grimm hicieron de La Bella Durmiente:

(…) “alrededor del castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el techo. (…) Cuando el príncipe se acercó a donde estaba el muro de espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas de otras de común acuerdo, y dejaban pasar al príncipe sin herirlo, y luego se juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca[3].”


Baba Yaga, de Ivan Bilibin, 1902. Incluida en Vasilisa la Bella y Baba Yaga.
5. Refugio de la bruja: para ejemplificar la relación entre el bosque y la bruja hemos escogido un precioso cuento ruso: Vasilisa la Bella:

Vasilisa se dio cuenta de que la tierra retemblaba. Se escuchó un ruido terrible en el bosque, los árboles se entrechocaban, las hojas secas crujían, y apareció Baba Yaga, vieja hechicera[4]”.

Y quién mejor que Vladimir Propp para darnos las claves del bosque en esta novela. Según explica en su obra Las Raíces históricas del Cuento, no se describe de una forma exhaustiva sino que se suele presentar como un “lugar denso, oscuro, misterioso y poco convencional”.

La bruja o maga, puede aparecer con un carácter maligno o benévolo. El caso concreto de la Baba Yaga tiene en sí este carácter dual pues goza de una reputación terrible pero a su vez acaba ayudando a la joven Vasilisa. Según Propp, la maga tendría una conexión con el espacio donde habita pues en su figura  se mantendría vivo el recuerdo del espíritu del bosque, presentándose en ocasiones como guardiana de los árboles y de sus animales.




Resumiendo, el bosque que aparece en su faceta más negativa se conoce como selva oscura. En los cuentos infantiles es, sobre todo, un espacio transitorio y un pozo de temores debido a los peligros que en él se pueden encontrar. En el plano psicológico representa, como bien dice Cooper: -“el mundo confuso de los problemas sexuales o mentales, es también el reino de las emociones, con toda su inestabilidad”-.  Es además el reino de la magia, usado como frontera entre el mundo real y el maravilloso. En cuanto a su imagen más amable, a través de paisajes claros y amables, donde en ocasiones se humaniza a los animales y a algunas plantas, se presenta un bosque amigo, placentero, un lugar donde poder reconectar con la naturaleza y crear un mensaje para concienciar a los más pequeños de la importancia de la conservación del medio ambiente.



¿Cómo se representa?

“La ilustración sirve, esencialmente, para despertar el interés de ese receptor, y, a la vez, para estimular y enriquecer su capacidad comprensiva en favor de un mejor y más completo acceso a la totalidad del mensaje contenido en una obra ilustrada[5]

Las ilustraciones de los libros no ignoran las tendencias de arte vigentes en el momento de su producción, de hecho son un bello reflejo de las mismas. Un bosque siempre será un bosque pero no así la manera de representarlo, no tenemos más que comparar el bosque de Arthur Rackham con la estampa urbana y lluviosa de Pablo Amargo[6].

La Bella Durmiente, de Gustave Doré, 1876. Incluido en Les Contes de Perrault.
Podemos empezar nuestro recorrido pictórico con los grabados de Gustave Doré (1832-1883). El uso de la escala de grises dota, de veras, al bosque de esa apariencia de selva oscura. Los árboles que representa atienden a la fisionomía real y su aparición se limita a los márgenes del propio dibujo. El bosque de Gustave Doré es, pues, un bosque clásico. 

There is almost nothing that has such a keen sense of fun, de Arthur Rackham, 1906. Incluida en Peter Pan in Kensington Garden, de J.M Barrie.
El siguiente artista de la lista es Arthur Rackham (1867-1939). La importancia del arte de Arthur Rackham reside en la temática de sus ilustraciones pues, como un recopilador del mundo mágico de los cuentos, hace del mundo féerico el protagonista de sus obras. El contraste de colores, la gama de tonos pastel y los delicados trazos de las figuras hacen que su visualización sea relajada. Podemos decir que su arte está fuertemente influenciado por la corriente prerrafaelita, donde la naturaleza cobra una vital importancia. Los árboles de Rackham no son simple atrezzo sino que interactúan con las figuras. 

Hansel y Gretel, de Kay Nielsen, 1925.
De la influencia del prerrafaelismo pasamos al reinado del Art Nouveau con las figuras de Ivan Bilibin (1876- 1942) y Kay Nielsen (1886-1957). La inspiración en las formas de la naturaleza y la ruptura con las corrientes artísticas tradicionales hacen que los bosques de estos artistas gocen de una identidad propia. Realizados de una manera muy personal, podemos imaginarnos de veras la inmensidad de los árboles como la sienten los protagonistas de los cuentos. Las ilustraciones de Ivan Bilibin introducen totalmente al personaje en el bosque y representa de manera muy fiel la apariencia real del entramado ramaje del lugar. Kay Nielsen comienza a deformar las formas de la naturaleza, adaptándola al mensaje de cada obra, tanto es así que en su ilustración sobre Hansel y Gretel el bosque se redondea cubriendo a los personajes y en el cuento de “East of the Sun and West of the Moon” los árboles se elevan finos dando una sensación de oscura inmensidad. Muy importante, igualmente, es el contraste de colores, entre tonos oscuros y claros, destacando solo los elementos que interesan.



Ilustración de Maurice Sendak para Donde Viven los Monstruos, 1963.
El siguiente ilustrador que hemos elegido es Maurice Sendak (1928- 2012) ¿Por qué lo hemos incluido? Porque en su obra “Where the wild things are” la ilustración ya se entrelaza con el texto, no actúan de manera independiente, como ocurría en los casos anteriores. Ya expusimos las ilustraciones de este cuento en una entrada anterior, y en ellas se observaba cómo las páginas del libro se iban llenando de árboles a la vez que Max los imaginaba en su cabeza. El bosque de Sendak pierde la profundidad de los bosques anteriores pero lo amplia y lo expande.




Para terminar este pequeño análisis no queremos olvidar las ilustraciones de artistas actuales que inundan de figuras y color los libros infantiles. Las técnicas son muy variadas y no siempre el bosque tiene por qué representarse de manera realista; Miguel Calatayud, por ejemplo, dibuja el bosque de Caperucita Roja con árboles casi cubistas, muy juntos y espinosos. Para mostrar la variedad de representaciones quiero destacar los bosques de Benjamin König, Isabel Hojas o Laura Miyashido, entre muchos otros. Al introducir la ilustración en el texto, o viceversa, es muy importante que cada parte se apoye en la otra para así crear un conjunto atractivo y visible para captar la atención del lector. Es por esto que en muchas ocasiones se suelen usar colores muy vivos. No quiero terminar sin nombrar a Eugenio Recuenco, quien realizó una serie fotográfica con la temática de los cuentos; destacando entre todas el “bosque” de Blancanieves.



Caperucita Roja, de Miguel Calatayud. Incluido en Al Pie de la Letra, 2009.

















Bosque, de Isabel Hojas.














 

Sterntaler, de Benjamin König
Ilustración de Laura Miyashiro para el cuento El ratón del desván.

Blancanieves, de Eugenio Recuenco. Fotografía para Vogue, 2005.



















Con esto terminamos el artículo de esta semana, esperando que este análisis os haya devuelto las ganas de revisitar los cuentos que han formado parte de nuestra infancia y de enseñárselos a vuestros hijos. Estas obras esconden mucho más que un mensaje moralizante, como habéis podido comprobar, y el bosque, aunque a veces parezca que es un simple escenario, nos dice más del significado de la obra de lo que pensamos.



¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!



BIBLIOGRAFÍA

- BETTELHEIM, B.: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica, 1977.

- COOPER, J. C.: Cuentos de Hadas. Alegorías de mundos internos. Consultado aquí.

- GARCÍA PADRINO, J.: Formas y colores: la ilustración infantil en España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2004.

- GUIJARRO, M.R.: “Caperucita, ilustración actual y vanguardias” en Educación y Biblioteca, nº 183, mayo-junio 2011.

- LLUCH, G.: Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Colombia: Editorial Norma, 2004.

- PROPP, V.: Las raíces históricas del cuento. Madrid: Ediciones Encuentro, 1981.








NOTAS

[1] Fragmento extraído de PERRAULT, C.: Pulgarcito. 
[2] Fragmento extraído de GRIMM: Blancanieves.
[3] Fragmento extraído de GRIMM: La Bella Durmiente. 
[4] Fragmento extraído de Vasilisa la Bella. Versión de Imaginaria.
[5] Fragmento extraído de: GARCÍA PADRINO, J.: Formas y colores: la ilustración infantil en España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2004. p. 12. 
[6] Ilustración recogida en: GUIJARRO, M.R.: “Caperucita, ilustración actual y vanguardias” en Educación y Biblioteca, nº 183, mayo-junio 2011. p. 5.

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