jueves, 22 de octubre de 2015

EL CURIOSO CASO DE LOS ÁRBOLES MOVIENTES



An elderberry hobbled across the walk, and stood chatting with some young quinces. Ilustración de Arthur Rackham para Peter Pan in Kensington Gardens, de J.M. Barrie, 1906.
 
El Sauce camina si andas tarde…[1] 

La casuística de los árboles que cobran vida siempre ha sido una de nuestras pasiones y es por ello que vamos a dedicarle una entrada completa. Bien sabemos que la Naturaleza nunca ha estado exenta de ser humanizada, ¿qué queremos decir con esto? Que a muchos elementos naturales, bien sean vegetales o animales, se les han otorgado propiedades puramente humanas, como el habla o el raciocinio.

Para rastrear a nuestros árboles movibles hemos acudido a las fuentes literarias y a la tradición popular, a través de las cuales intentaremos explicar algunos ejemplos en orden cronológico. Para ello hemos elegido seis ejemplos ilustrativos: el poema Câd Goddeu, los libros de viaje medievales, Macbeth, los cuentos infantiles, el mundo imaginario de J.R.R. Tolkien y el universo Marvel.

Sin más dilación, procedemos aquí a dar vida a los árboles a través de la recuperación de estos relatos. 

CÂD GODDEU o La Batalla de los Árboles

Câd Goddeu (The Battle of Trees), arte sobre madera realizado por Conrad Armstrong Studio


Nuestro primer elegido es el poema del Câd Goddeu, más conocido como La Batalla de los Árboles. Este relato se incluye dentro de El Libro Rojo de Hergest, datado a finales del s.XIV. Dentro de esta obra encontramos dos recopilaciones asociadas a Taliesin: el Libro de Taliesin – Canu Taliesin- y el Canto de Taliesin – Hanes Taliesin-. 



Su autoría se asocia a Taliesin, un bardo semi-legendario del cual se cree que pudo vivir en el Gales del siglo VI. Su vida, al igual que su obra, está llena de leyenda pues siendo solo un niño consiguió alcanzar la sabiduría suprema al caer en su boca unas gotas del brebaje que Cerridwen preparaba a base de inspiración y conocimiento. Pero dejando a un lado las leyendas sobre Taliesin, podemos afirmar que es un cantor muy importante, el cual relató acontecimientos muy importantes sobre el rey Urien y su hijo Owain. De hecho, su nombre –el de Taliesin- aparece mencionado en los escritos del Nennius, escritor britano del s. VIII. Muchos son los poemas atribuidos a este autor, mas los especialistas calculan que, actualmente, no más de doce son verdaderamente suyos. 

La Batalla de los Árboles es un texto complejo en cuanto a su traducción, sus interpretaciones y el cúmulo de influencias de la mitología celta y la tradición galesa que posee. Para llevar a cabo este apartado hemos utilizado la traducción que Robert Graves realizó en su obra La Diosa Blanca a partir de la traducción hecha en el siglo XIX por D.W. Nash. El propio autor nos advierte de las posibles modificaciones que esta versión puede tener respecto a lo que sería el original, por lo que hay que acercarse a ella con cuidado. Y el texto dice así:


«Las copas de las hayas han retoñado recientemente,
se han cambiado y renovado  de su estado marchito.
Cuando el haya prospera  con hechizos y letanías
las copas de los robles se enmarañan y hay esperanza para los árboles.
He despojado al helecho, con el que descubrí todos los secretos,
el viejo Math ap Mathonury no sabía más que yo.
Con nueve clases de facultades Dios me ha dotado:
soy fruto de frutos recogidas de nueve clases de árboles:
ciruelo, membrillo, arándano, morera,
frambuesa, peral, cerezo negro y blanco con el serbo en mí participan.
Desde mi sede en Fefynedd, una ciudad que es fuerte,
observé los árboles y las cosas verdes que se apresuraban.
Apartándose de la felicidad se disponían a asumir
las formas de las principales letras del alfabeto.
Los viajeros se asombraban, los guerreros se espantaban
ante la renovación de conflictos como los que causó Gwydion.
Bajo la raíz de la lengua una lucha sumamente terrible,
y otra furiosa detrás, en la cabeza.
Los alisos de la primera fila iniciaron la refriega.
El sauce y el fresno silvestre tardaron en ordenarse.
El acebo, verde oscuro, tomó una actitud resuelta;
está armado con muchas puntas de lanza  que hieren la mano.
Con el pisotear del rápido roble cielo y tierra resuenan;
«Recio Guardián de la Puerta» es su nombre en todas las lenguas.
Grande era el árgoma en la batalla, y la hiedra en su flor;
el avellano era el árbitro en ese tiempo encantado.
Tosco y salvaje era el abeto,  cruel el fresno,
no se desvía la medida de un pie, golpea directamente en el corazón.
El abedul, aunque muy noble, tardó mucho en armarse,
pero no fue por cobardía, sino por su gran tamaño.
El brezo consolaba a la gente exánime,
los álamos de larga resistencia  sufrían mucho en la lucha.
Algunos de ellos eran expulsados del campo de batalla
a causa de los agujeros hechos en ellos  por la fuerza del enemigo.
Muy airada estaba la vid cuyos secuaces son los olmos;
yo la elogio mucho ante los gobernantes de los reinos.
Fuertes caudillos eran el endrino con su fruto nocivo,
el espino blanco no amado de naturaleza parecida,
la caña que persigue velozmente,  la retama con su cría,
y la hiniesta que no se comportó bien hasta que la domaron.
El tejo que desparrama dotes estaba malhumorado al margen de la lucha,
con el saúco lento para arder entre fuegos que chamuscan,
y la bendita manzana silvestre riendo de orgullo
desde el Gorchan de Moelderw  junto a la roca.
Resguardados se quedan el ligustro y la madreselva,
inexpertos en la batalla, y el pino cortesano.
Pero yo, aunque menospreciado porque no era grande,
combatí árboles en vuestra formación,
en el campo de Goddeu Brig [2]».

¿Qué personajes aparecen en este poema?

Esta lucha traspasa los límites del mundo real pues los personajes son puramente mitológicos. Por un lado tenemos a Arawn. Él es el rey del Annwvyn, el inframundo en la mitología galesa; Arawn, pues, es el máximo gobernante del Otro Mundo.
Por otro lado tenemos a dos hermanos pertenecientes a la familia mitológica galesa de los Dôn: Gwydyion el mago y su hermano Amaethon. 

¿Por qué comienza esta batalla? 

Amaethon, hermano de Gwydyon, robó a Arawn los secretos de la fertilidad, personificados en las figuras de tres animales blancos: un corzo, un cachorro de perro y un avefría.

«Estos son los englyns que se cantaban en la Câd Goddeu, o, como la llaman otros, la Batalla de Achren, que se libró a causa de un corzo blanco y un cachorro; y provenían de Annwn (el infierno), y Amathaon ap Don los trajo. Y por consiguiente Amathaon ap Don y Arawn, Rey de Annwm, combatieron. Y en esa batalla había un hombre que a menos que se conociera su nombre no podía ser vencido y había en el otro lado una mujer llamada Achren y a menos que su nombre fuese conocido su bando no podía ser vencido[3]»

¿Qué son realmente los árboles? 

La razón del movimiento de estos árboles se debe a un encantamiento. Ante tal ofensa, el rey del inframundo se enfrenta en batalla a Amaethon. Gwydyon, para ayudar a su hermano, usa la magia y convierte al ejército galés en árboles.
Los árboles del bosque no tienen raciocinio por si mismos sino que es Gwydyon quien se lo otorga.
Indagando en el tema hemos encontrado varias versiones. Una más idealizada imagina de veras el despertar del bosque, mientras que otra defiende una lucha metafórica acaecida en la mente de los protagonistas. 

¿Cómo culmina la batalla? 

Gwydyon se alza victorioso ante Arawn pues adivina el nombre del hombre que se mencionaba en el extracto anteriormente expuesto. Este nombre era el del dios Bran.
Por cuestiones de espacio no podemos desarrollar las numerosas teorías derivadas de este poema ni podemos profundizar más en la mitología de los personajes. Si queréis saber un poco más sobre estos asuntos podéis consultar la obra de Robert Graves y el artículo de Paula Mª Rodríguez, ambos citados en la bibliografía, además del artículo escrito en la Wikipedia inglesa.


Los libros de viaje medievales: el curioso caso de un árbol que se mueve 

Estas obras tuvieron mucho éxito en la Europa bajomedieval pero, ¿cuál fue el secreto de su éxito? Su contenido es muy atractivo puesto que recogen numerosos elementos maravillosos, bien sean reales descritos de una manera exagerada y fantasiosa o puramente ficticios. De este halo maravilloso no se escapa ninguna especie, por lo que vamos a dirigir nuestra mirada hacia lo maravilloso del reino vegetal. Algunos ejemplos de árbol maravilloso son aquellos que dan miel, vino, harina, veneno o lana, pero hoy no los buscamos a ellos sino a uno capaz de moverse. Y el texto dice así: 


«Se nos asegura que cerca de Samarka, entre el Volga y el Don, se encuentran una especie de melones, o más bien calabazas, con aspecto de cordero, del cual este fruto representan todos sus miembros, unido a la tierra por el tallo que le sirve de cordón umbilical. Cuando crece cambia de lugar, en tanto como se lo permite el tallo, y hace que se seque la hierba donde está[4]»

Papión, árbol maravilloso. Miniatura perteneciente al manuscrito 2810, folio 210v. BNF
Este ejemplar aparece tanto en Los viajes a Oriente de Odorico de Pordenone como en El libro de las maravillas del mundo de Juan de Mandevilla, entre otros. Hay que decir que este árbol tiene variaciones, Claude Kappler apunta que es en la descripción de Olegarius donde se recoge el movimiento pero, en los libros nombrados, se mantiene estático. Como comparación con el texto anterior hemos querido introducir la descripción que de esta rara especie se hace en el relato de Mandevilla. Y dice así:

«Sabed que en el dicho reyno cresce una manera de fruto que quando es maduro hiéndenlo por medio y hallan dentro un animal en carne, huesso y sangre, assí como un cordero pequeño sin lana, de manera que el hombre come el fruto y el animal, y por cierto es gran maravilla d´este fruto, y también gran obra de natura[5]»


Macbeth: “El bosque se mueve”

Bosque de Birnam. Grabado incluido en Scenery and Manners of Scotland de John Stoddart, 1800


Nuestro siguiente ejemplar no contiene árboles que se mueven por propia voluntad, sino que aparecen a partir de una imagen previamente creada para engañar al adversario. Para encuadrar este pasaje es necesario que recordemos la sinopsis de esta tragedia shakesperiana.

La novela comienza con el regreso de Macbeth y Banquo, generales del rey escocés Duncan,  de una campaña contra los rebeldes. En el camino tienen un encuentro con tres brujas, las cuales profetizan el futuro de ambos. A Macbeth le depara el título primero de thane (barón) y después de rey de Escocia, y a Duncan le atribuyen el título de “padre de reyes”. Movido por la ambición, Macbeth asesinará al rey Duncan y sus hijos, Malcom y Donalbain, huirán del castillo. Dos de las tres profecías se habían cumplido, pero aún faltaba la tercera, aquella en la que reinaría la descendencia de Banquo; es por esto que decide asesinarlos, sin suerte pues el hijo de Banquo, Fleance, logra huir. Aterrado por los remordimientos, el rey decide volver a visitar a las brujas. En esta ocasión le advierten del noble Macduff, el cual se unirá al ejército de Malcom, hijo del fallecido Duncan. Esta vez la profecía hace una advertencia pues se dice que ningún hombre nacido de mujer podrá matar a Macbeth, pues solo será vencido cuando el bosque de Birnam avance hasta Dunsinane. Esta parte se recoge en el acto IV, y el texto dice así:


Acto IV, Escena I
                Tercera Aparición:

No tengas miedo, sé como un león,
sin atender dónde hay conspiración.
Macbeth seguirá invicto y con ventura
si el gran bosque de Birnam no se mueve
y, subiendo a luchar con él se atreve
en Dunsinane, allá, en la misma altura.

(Desaparece.)

Macbeth: Eso jamás será: ¿quién puede alistar al bosque, mandar a los árboles que suelten su raíz sujeta a la tierra? Dulces presagios: ¡bien! La rebelión no levantará la cabeza hasta que el bosque de Birnam se levante[6].

Como bien profetizaron las apariciones en el segundo encuentro con las brujas, Macduff se había unido a Malcom para destronar a Macbeth. Éste, en un ataque de locura, manda asesinar a la mujer y los hijos de este noble escocés. A continuación comienza la parte que a nosotras nos interesa pues el ejército comandado por los dos nobles se dispone a atacar el castillo de Macbeth, y para ello deben cruzar el bosque de Birnam. Estos pasajes están recogidos en el acto V; el texto dice así:


Acto V, Escena IV

[Campo ante Dunsinane. Un bosque al fondo]


Siward: ¿Qué bosque es ese que tenemos delante?

Menthieth: El bosque de Birnam.

Malcom: Que cada soldado desgaje una rama y la lleve por delante: así disimularemos el número de nuestras fuerzas y haremos que la observación se equivoque al informar sobre nosotros[7].



Fotograma de Macbeth, película dirigida por Roman Polanski y estrenada en 1971
Acto V, Escena V

[Dunsinane. Dentro del castillo]


Mensajero: Haciendo guardia en el monte, miré hacia Birnam y me pareció al momento que el bosque empezaba a moverse.

Macbeth: ¡Mientes villano!

Mensajero: Sufriré vuestra cólera, si no es así; a tres millas podéis verlo venir. Digo, es un bosque moviente[8].


Como habéis podido leer, el bosque que presenta Shakespeare no se mueve por propia iniciativa, sino que son los soldados del ejército de Malcom y Macduff quienes hacen que éste cobre vida. Es por tanto una aguda estratagema militar. Por tanto, podéis preguntaros por qué hemos introducido esta novela en nuestro apartado de árboles movibles. La respuesta es muy sencilla: porque está relacionada con nuestro primer ejemplar, el Cád Goddeu, y porque servirá como elemento inspirador en otra de nuestras obras elegidas: El Señor de los Anillos.

En lo que respecta a su relación con La Batalla de los Árboles, es Jean Markale quien más ha trabajado en teorizar sobre los puntos de unión de estas dos historias. En el artículo que Paula Mª Rodríguez dedicó a esta casuística, apuntó la relación existente entre Macbeth y Malcom y Arawn y Gwydyon; comparando a éste último con Malcom por hacer elevarse a los árboles para luchar contra su oponente.


Los cuentos infantiles y la tradición popular: la humanización de los árboles 

Desde luego, si tuviéramos que elegir un género literario donde los árboles que cobran vida fuera un elemento abundante, sin duda sería la literatura infantil. Tanto a animales como a vegetales se les otorgan una serie de características propias del ser humano, como la razón y el habla, las cuales les otorgan el papel protagonista en muchos relatos. 


They warned her. Ilustración de Arthur Rackham para Peter Pan in Kensington Gardens, de J.M. Barrie, 1906
Para no entrar en el laberinto de la literatura infantil, hemos elegido una obra bastante ilustrativa: Peter Pan in Kensington Garden, de J.M. Barrie, publicada en 1906 e ilustrada por Arthur Rackham. Antes de escribir su famoso Peter Pan, Barrie escribió otras versiones anteriores de esta historia, entre las que figura nuestra elegida. En este cuento, Peter Pan no aparece como un niño ya crecido sino como un pequeño bebé, el cual se escapa volando por la ventana de su casa y aterriza en los Jardines de Kensington – en Hyde Park, Londres -.  Allí el niño vivirá numerosas aventuras relacionándose con los seres féericos que moran en los jardines. De igual modo, es curiosa la forma de representarle pues aparece con atributos típicos del dios clásico Pan, como la flauta y la cabra. 

Pero no queremos explayarnos en demasía en su sinopsis y simbolismo pues lo realmente atractivo para nosotras son las ilustraciones de Arthur Rackham, ilustraciones que dan vida a los árboles y los representan en actitudes propiamente humanas – una familia de árboles paseando un carrito de bebé, una discusión de árboles tullidos, e incluso ataviados con chales y bastones-. La maestría de este ilustrador a la hora de dar forma a los cuentos es más que evidente. Sus figuras pierden la postura estática de autores anteriores, añadiendo multitud de detalles y creando el dibujo a través de finos trazos. Sus árboles tienen gestos caricaturescos, perfectos para mostrar su papel en el pasaje que se ilustra; de igual modo, los ejemplares que recoge no se alejan de la apariencia del árbol real, pues es capaz de captar su esencia detallando hasta las arrugas de la corteza. En cuanto a las actitudes, los árboles de Peter Pan están muy vivos, gozan de raciocinio, habla y movimiento.

Y dejando de lado un poco el tema de la literatura infantil, nos vamos acercando al folclore y la tradición popular, donde los árboles, según qué zonas, tienen un papel destacado. Como bien habéis leído al principio de este artículo, hemos incluido la frase de una canción inglesa recogida por Katharine Mary Briggs y Ruth Tongue en su obra Folktales in England, publicado en 1967. En esta frase se destaca la capacidad del sauce de atemorizar soltando sus raíces y comenzando a perseguir a los descuidados viajeros. No debemos perder de vista esta especie arbórea pues volveremos a retomarla en nuestro siguiente apartado.



J.R.R. Tolkien: Ents y Ucornos, los pastores de árboles[9]
 

Los Ents atacan Isengard. Ilustración de Ian Miller

Y por fin llegamos a una de las obras clave para el desarrollo de la casuística de los árboles movientes: la obra de J.R.R. Tolkien. Su adoración por el medio natural y los disfrutes que nos ofrece no es algo desconocido. Su obra es toda una oda a la Naturaleza, la cual refleja el choque entre el mundo rural y la incipiente industrialización vivida a principios del siglo XX. Como podéis imaginar, nuestros protagonistas serán los Ents, pastores de árboles, y los no tan conocidos Ucornos.


Los Ents

«Se encontraron entonces mirando una cara de veras extraordinaria. La figura era la de un hombre corpulento, casi de troll, de por lo menos catorce pies de altura, muy robusto, cabeza grande, encajada entre los hombros. Era difícil saber si estaba vestido con una materia que parecía una corteza gris y verde, o si esto era la piel. En todo caso los brazos, a una cierta distancia del tronco, no tenían arrugas y estaban recubiertos de una piel parda y lisa. Los grandes pies tenían siete dedos cada uno. De la parte inferior de la larga cara colgaba una barba gris, abundante, casi ramosa en las raíces, delgada y mohosa en las puntas[10]»

Las historias de los elfos cuentan que los Ents procedían de la mente de la diosa Yavanna, la cual los creó para proteger los bosques. En un principio, estos árboles no podían hablar pero fueron los elfos quienes les enseñaron ese arte. Su apariencia grande y robusta les convertía en una de las criaturas más poderosas y fuertes de la Tierra Media. Su carácter era tan dual como la misma Naturaleza, pues poseían un perfil benevolente y amable pero al mismo tiempo fiero, pues en estado de ira podían destrozar piedra y acero con sus nudosas manos. En cuanto a sus relaciones sociales, es muy conocida la ausencia de las Ents-Mujeres, las cuales desaparecieron llevándose con ellas la posibilidad de perpetuar la especie. A esta disminución de la población arbórea se unía la desaparición de los bosques que les servían de hogar, reduciendo su existencia al Bosque Viejo y al Bosque de Fangorn.

Los ents muestran en El Señor de los Anillos su doble carácter aunque es sin duda su papel como guerreros el que más destaca en sus apariciones. Odian a los orcos y a los enanos por el uso de las hachas y el fuego. Pero no son estos últimos quienes provocarán la última marcha de los Ents, sino la intromisión de Saruman en el Bosque de Fangorn buscando sustento para calentar los hornos de Isengard.


«Pippin miró hacia atrás. El número de los ents había crecido… ¿o qué ocurría ahora? Donde se extendían las faldas desnudas y oscuras que acaban de cruzar, creyó ver montes de árboles. ¡Pero estaban moviéndose! ¿Era posible que el bosque entero de Fangorn hubiese despertado y que ahora marchase por encima de las colinas hacia la guerra? Se frotó los ojos preguntándose si no lo habrían engañado el sueño o las sombras; pero las grandes formas grises continuaban avanzando firmemente[11]»


Los Ucornos

Old Man Willow. Ilustración de John Howe


«Hay mucho poder en ellos y parecen capaces de envolverse en las sombras: verlos moverse no es fácil. Pero se mueven. Y pueden hacerlo muy rápidamente cuando se enojan. Estás ahí inmóvil, observando el tiempo, por ejemplo, o escuchando el susurro del viento, y de pronto adviertes que te encuentras un bosque poblado de grandes árboles que andan a tientas de un lado a otro. Todavía tienen voz y pueden hablar con los ents, y es por eso que se los llama ucornos, según Bárbol; pero se han vuelto huraños y salvajes. Peligrosos. A mí me asustaría encontrármelos, sin otros Ents verdaderos que los vigilaran[12]»

Los ucornos son árboles oscuros que habitan en las profundidades de los bosques. A diferencia de los ents, los ucornos tienen un carácter melancólico y hosco, además de ser imprevisibles y peligrosos. Un buen ejemplo de ucorno lo encontramos en la Comunidad del Anillo, más concretamente en el Bosque Viejo. Allí habita el Viejo Hombre Sauce, el cual tiene el bosque sometido bajo un encantamiento mediante el poder de su canto. Las pobres víctimas se internaban en el bosque atraídas por la cantinela del árbol vigilante para caer atrapadas entre sus ágiles y fuertes raíces. Como también ocurría en el caso de los ents, los ucornos acudieron a luchar en el asalto a Cuernavilla.

Después de estas breves descripciones y de leer los anteriores apartados podemos deducir cuáles fueron las principales influencias de Tolkien para crear a sus pastores de árboles. En una ocasión, el autor se lamentaba por la estratagema militar de Macbeth, porque los árboles presentados en la obra de Shakespeare no eran reales. Si leemos el Señor de los Anillos podemos ver cómo Tolkien devolvió la vida a los árboles inertes de Shakespeare, convirtiéndoles en verdaderos guerreros. De igual modo, la figura de los ents como pastores de árboles nos retrotrae a las antiguas deidades paganas protectoras de los bosques con apariencia casi animal. Algunos rasgos que vemos de estas figuras en los ents son su doble carácter y su robustez física.



Las readaptaciones de la ciencia ficción y el cómic: “I’m Groot”


Groot y Rocket Racoon
Y para terminar hemos querido incluir a Groot, un árbol viviente de una raza alienígena. Este personaje pertenece a la factoría Marvel, datándose su primera aparición en el año 1960 dentro de la publicación Tales of Astonish #13. Pero sin duda su papel más reconocido es el que protagoniza dentro de la serie de Los Guardianes de la Galaxia, recientemente adaptada al formato cinematográfico.

Groot pertenece a la raza Floral Colossus y procede del Planeta X. En sus inicios, el carácter de Groot era más bien peligroso pues acudió al planeta Tierra para capturar humanos, el cual evolucionó hasta la imagen benevolente que posee dentro de la serie de Guardianes de la Galaxia. Este extraterrestre vegetal siempre va acompañado de Rocket Racoon, un pequeño mapache. 

Es un ser de extrema inteligencia y muy poderoso pero su capacidad de habla está limitada a una sola frase: «I’m Groot». Tiene el poder de la regeneración y es capaz de hacer crecer sus ramas y miembros a voluntad, pudiendo luego volver a renacer – recordad sino la famosa escena de la adaptación cinematográfica donde el pequeño Groot es replantado y baila al ritmo de The Jackson 5 -. Sus capacidades mentales lo hacen capaz de comunicarse con las plantas, al igual que controlarlas. Pero todo gran poder tiene alguna debilidad y, ¿quién es el mayor enemigo de la madera? El fuego.

Fotograma de la película Guardianes de la Galaxia. Dirigida por James Gun y estrenada en 2014

Como habéis podido comprobar, el motivo de los árboles y el bosque que se mueve no es únicamente propio de la literatura fantástica sino que sus raíces, y nunca mejor dicho, se extienden hasta la Antigüedad. El bosque y los árboles siempre han sido objeto de curiosidad y admiración por si mismos pero la suma de rasgos humanos no hace más que añadir un porcentaje mayor de asombro ante las maravillas que nos deparan los paisajes arbolados. Cabe destacar que el hilo conductor de todos estos ejemplos es la imagen de un árbol belicoso, un árbol dotado de vida que inclina la balanza hacia su lado en todas aquellas batallas en las que participa. Sin más dilación, cerramos este artículo reforzando nuestro interés en esta casuística por lo que seguiremos investigando para poder realizar una segunda parte de los árboles que se mueven.


¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!



BIBLIOGRAFÍA 

- BARRIE, J.M.: Peter Pan in Kensington Gardens. Illustrated by Arthur Rackham. New York: Charles Scribner’s Son, 1906. Libro digitalizado por Google.
- DAY, D.: Enciclopedia Ilustrada Tolkien. Barcelona: Círculo de Lectores, 2001.
- GRAVES, R.: La diosa blanca: una gramática histórica del mito poético. Vol. 1. Barcelona: Alianza, 1984.
- GREEN, M.J.: Mitos Celtas. Madrid: Akal, 2001.
- KAPPLER, C.: Monstruos y maravillas a fines de la Edad Media. Madrid: Akal, 1986.
- RODRÍGUEZ GÓMEZ, P.M.: “Macbeth as a portrait of “Câd Goddeu”. Encounters with the celtic world” en SEDERI: yearbook of the Spanish and Portuguese Society for English Renaissance Studies, nº 12, 2012. pp. 313-322. Podéis consultarlo online aquí.
- SAINERO, R.: Diccionario Akal de mitología celta. Madrid: Akal, 1999.
- SANTOJA, G. (Ed.) Libro de las maravillas del mundo, Juan de Mandavila. Biblioteca de obras raras y curiosas, Visor: Madrid, 1984.
-  SHAKESPEARE, W.: Macbeth. Incluido en Tragedias. Barcelona: R.B.A. ediciones, 1994. pp. 101-159.
- TOLKIEN, J.R.R.: Cuentos desde el Reino Peligroso. Barcelona: Círculo de Lectores, 2009.
- TOLKIEN, J.R.R.: El Señor de los Anillos. Barcelona: Círculo de Lectores, 1995.

Recursos digitales:

- Artículo sobre Groot en Marvel.
- Ilustraciones de Arthur Rackham sobre Peter Pan in Kensington Gardens.



NOTAS

[1] Referencia perteneciente a una canción de la tradición popular inglesa. Extraída de http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cultura/sabarb3/index.html
[2] GRAVES, R.: La diosa blanca: una gramática histórica del mito poético. Vol. 1. Barcelona: Alianza, 1984. pp. 34-35. 
[3] Ibidem, p. 36. 
[4] KAPPLER, C.: Monstruos y maravillas a fines de la Edad Media. Madrid: Akal, 1986. p. 154-155 
[5] Libro II, Cap. LX. SANTOJA, G. (Ed.) Libro de las maravillas del mundo, Juan de Mandavila. Biblioteca de obras raras y curiosas, Visor: Madrid, 1984. 
[6] SHAKESPEARE, W.: Macbeth. Incluido en Tragedias. Barcelona: R.B.A. ediciones, 1994. p. 140. 
[7] Ibidem, pp. 154-155. 
[8] Ibidem, p. 156. 
[9] No nos extenderemos en demasía en este apartado puesto que en actualizaciones venideras les dedicaremos un artículo más completo 
[10] Libro II, Cap. 4. “Bárbol”. TOLKIEN, J.R.R.: El Señor de los Anillos. Barcelona: Círculo de Lectores, 1995. p. 476. 
[11] Libro II, Cap. 4. “Bárbol”. Ibidem, pp. 500-501. 
[12] Libro II, Cap. 9. “Restos y despojos”. Ibidem, p. 586.

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