martes, 6 de enero de 2015

EL DESIERTO

Empty Quarter. Fotografía de George Steinmetz. National Geographic Society. 2005


¡Bienvenidos al Bosque en este día de Reyes! 


Hoy inauguramos el nuevo apartado sobre otros espacios naturales, porque no solo el bosque está impregnado de simbología. La razón por la que hemos elegido el desierto como primer espacio ha sido por su similitud simbólica con el bosque, pese a ser totalmente opuestos en su composición y su paisaje.


Al igual que ocurre con el bosque en occidente, en oriente es el desierto quien ostenta el puesto de locus horridus por excelencia. Formado por grandes masas de arena o piedras y escasos focos de vegetación, junto a unas condiciones climáticas extremas, mucho calor por el día y mucho frío por las noches, no es de extrañar que este espacio natural provoque temor e inspire todo tipo de leyendas sobre seres sobrenaturales que moran en sus dunas. Las religiones monoteístas orientales, cristianismo, judaísmo e islam, han influido en la composición de su simbolismo como veremos más adelante. Jean Chevalier apunta en su Diccionario de Símbolos que: 


"El desierto implica dos sentidos simbólicos esenciales: es la indiferenciación principal, o es la extensión superficial, estéril, bajo la cual debe ser buscada la Realidad[1]"


Con esta afirmación el autor dota al desierto de un simbolismo dual. Como ocurre con el bosque en occidente, el desierto es un lugar que se teme y al mismo tiempo se admira. Por tanto, ¿cuáles son los principales simbolismos asociados al desierto?


1. Espacio inhóspito y desconocido, contrapuesto a los espacios construidos. El desierto, al igual que el bosque, es un lugar hostil, baluarte de los lugares no construidos en oriente. Al ser un espacio temido es normal que alrededor de su figura se haya creado la imagen de que en él vive la maravilla.


2. Espacio maravilloso. Oriente siempre ha aparecido en la mentalidad occidental como baluarte de lo maravilloso. En su interior se sitúan seres sobrenaturales como los grifos, los dragones e incluso los demonios. La Biblia, en el Deuteronomio, recoge una descripción del desierto que perduraría en algunos relatos medievales como el Libro de las Maravillas de Juan de Mandevilla, del siglo XIV. Y el texto dice así: 


"Fue él quien te sacó de Egipto, de aquel lugar de esclavitud; quien te ha conducido a través de ese inmenso y terrible desierto, lleno de serpientes venenosas y escorpiones, tierra sedienta y sin agua[2]"
La Cueva de las Maravillas. Fotograma de Aladdín. Dsiney, 1992


En diversos pasajes bíblicos también se expone el desierto como hogar de los demonios pues es allí precisamente donde Jesucristo es tentado por el Diablo.


Pero esta fascinación por Oriente y sus paisajes no se queda en la Edad Media pues hoy en día el desierto sigue fascinando. Un buen ejemplo lo encontramos en la película infantil Aladdín, donde la Cueva de las Maravillas brota de las arenas del desierto. Esta escena tiene un buen detalle pues la Cueva tiene forma de león, símbolo solar que incide en este simbolismo que presenta al desierto como "reino del Sol".


3. Espacio de huida y prueba: el desierto épico. Este apartado corresponde en mayor medida a la tradición judeocristiana. El desierto forma parte de la tradición épica de los judíos, cuyo mejor ejemplo es la huida del pueblo de Israel de Egipto. Esta imagen del "desierto épico" es propia del Antiguo Testamento. Al igual que ocurre con el bosque, en algunas ocasiones es el propio desierto el que se convierte en prueba.


4. Lugar de exilio. Como hemos apuntado más arriba, el desierto forma parte del mundo no construido por lo que cuando alguien es desterrado de su hogar, de su núcleo civilizado, se le manda al desierto. Esto mismo ocurre también con el bosque, el cual se convertirá en refugio de los desterrados.


5. Lugar donde se desarrolla el eremitismo. La tradición del eremitismo es muy extensa para poder desarrollarla aquí ya que se remonta hasta el temprano siglo IV, por lo que haremos una breve introducción. De nuevo el simbolismo de ambos paisajes coincide en este punto pues el bosque en occidente también actúa como retiro espiritual de los ermitaños. El desierto está muy ligado a la religión pues, en contraposición a la imagen negativa de hostilidad, destierro y hogar de demonios, es el hogar de la divinidad, donde el monje puede acercarle su alma y afrontar su naturaleza.



Como ya hemos dicho, el desierto es un lugar de difícil habitabilidad pero esto no quiere decir que no contenga vida. La actividad humana se llevaba a cabo alrededor de los oasis y los desiertos eran transitados por grandes grupos de caravanas y embajadas comerciales, no olvidemos que las rutas comerciales medievales tenían que cruzar estos lugares hasta llegar a los grandes núcleos de comercio como Samarcanda, India o incluso China. Los testimonios de estos viajeros son muy valiosos e interesantes pues se observa la admiración por contemplar paisajes desconocidos. Hay que apuntar que no todos los autores de los relatos de viajes han visto los paisajes que se describen por lo que podemos encontrarnos con ilustraciones donde el desierto es verde. Odorico de Pordenone llega a llamar al desierto cerca de Gest el Mar Arenoso, no hay más que fijarse en la ilustración de la derecha donde hay hasta peces en la arena. 

Mar Arenoso. Mandevilla, Folio 213r, manuscrito 2810, BNF


No queremos terminar esta entrada sin introducir uno de estos testimonios. El fragmento elegido pertenece al relato de Ruy Clavijo, Embajada a Tamorlán, donde se describe una tormenta en el desierto de Persia:


«E otro día domingo partieron de aquí e fizo un tan grande viento que a los homes quería derrocar de las bestias, e era tan caliente que parecía fuego. E el camino era por unos arenales e el viento levava el arena de un lugar a otro e cegava el camino e a los homes[3]»




El Fénix. Mandevilla. Folio151r, manuscrito 2810, BNF



¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!




BIBLIOGRAFÍA


- CHEVALIER, JEAN: Diccionario de los Símbolos. Barcelona: editorial Herder, 1986.

- LE GOFF, J.: El desierto y el bosque en el occidente medieval en "Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval". Barcelona, Gedisa, 2008.  pp. 31-50.

- LOMBARD, M.: L’Islam dans sa première grandeur; (VIIIe-XIè siècle). París, Flammarion, 1980.

- PÉREZ PRIEGO, M. A. (edición y prólogo): Viajes medievales II: Embajada a Tamorlán; Andanças e viajes de Pero Tafur; Diarios de Colón. Madrid: Biblioteca Castro, 2006.







NOTAS

[1] Fragmento extraído de: CHEVALIER, JEAN: Diccionario de los Símbolos. Barcelona: editorial Herder, 1986. pp. 410-411

[2] Fragmento extraído de: GUIJARRO, S. y SALVADOR, M. (dir.): La Biblia, edición popular. La Casa de la Biblia, 2ª edición, 1993. Deuteronomio, 8, 15.


[3] Fragmento extraído de: PÉREZ PRIEGO, M. A. (edición y prólogo): Viajes medievales II: Embajada a Tamorlán; Andanças e viajes de Pero Tafur; Diarios de Colón. Madrid: Biblioteca Castro, 2006. p.124

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