martes, 21 de marzo de 2017

RAZONES PARA DESCUBRIR EL BOSQUE



Hoy es martes, día 21 de marzo, y diréis, ¿qué tiene de especial esta fecha? Ayer comenzaba oficialmente la primavera en todo el hemisferio norte, una estación caracterizada por el rebrote del reino vegetal, el deshielo y el despertar de muchos seres vivos que han permanecido dentro de sus refugios durante meses. Los bosques recuperan el ajetreo de pequeños animales, el florecer de muchas especies… y es que no podía haber mejor fecha que esta para proclamar el Día Internacional de los Bosques.

¿Concienciación real o fotografía fácil?

¿Por qué existen tantos días internacionales? ¿Cuál es su finalidad? Según la ONU, sirven para:

“Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes[1]
Paseo por el bosque talado. Viñeta de El Roto
Hoy, 21 de marzo, se hace hincapié en la concienciación y sensibilización del ser humano para con los ecosistemas boscosos, así como con los árboles; sus usos, beneficios y su papel relevante en el desarrollo de las poblaciones (erradicación de la pobreza, sostenibilidad medioambiental, etc.). Este año el foco se centra en la relación entre bosques y energía, en este largo camino hacia un sistema basado en la sostenibilidad ambiental. Todos los mensajes, celebraciones, actividades que se están llevando a cabo en este día sólo son un pequeño grano de arena en la vasta duna que representa la lucha por la conservación de estos espacios.

Como ocurre con otras causas, la “foto del día” no soluciona el problema. Hoy no se acabará con la deforestación ni con las malas praxis de la industria maderera, tampoco con la desaparición de bosques autóctonos en favor de plantaciones masificadas, ni con la destrucción de refugios y la consecutiva expulsión de poblaciones indígenas y seres vivos que pueblan los bosques, ni con la especulación del suelo quemado, ni con la caza indiscriminada… y así podríamos seguir, rellenando una larga y vergonzosa lista de acciones que el ser humano está llevando a cabo contra el medio natural, en última instancia contra sí mismo, pues muchas veces se nos suele olvidar que no somos más que pequeñas piezas de un mundo mucho más amplio y antiguo.

En busca de la memoria del bosque

Cuando se nos habla sobre la conservación de los bosques, tendemos a englobar únicamente su dimensión física pero, ¿qué ocurre con su memoria? Traigo a colación mi caso personal. Como bien sabéis, hace unos años cursé la licenciatura de Historia y un máster en Estudios Medievales. Si ya de por sí muchas son las áreas de estudio que se quedan en el tintero, así como un lista muy variopinta de geografías (¿África, Asia, Indonesia?, ¿Qué es eso? Nótese la ironía…), imaginaos lo que ocurre con las disciplinas alejadas de la historiografía más tradicional. En el caso particular del bosque – y los ecosistemas en general- aparece únicamente como pieza clave de la actividad económica: ¿de dónde se extrae la madera y el carbón? ¿Dónde se caza, se pesca y se recolecta? ¿A quién pertenecen los terrenos y quienes los explotan? La foresta es, por tanto, esclava de las relaciones socio-económicas, es un recurso a merced del ser humano ¿Es cierta esta perspectiva? En cierto modo sí. La relevancia práctica del bosque y el árbol durante el devenir de la Historia es innegable, el problema viene cuando se confina a los ecosistemas a este “cercado económico”, sin tomar en consideración la verdadera dimensión de su influencia sobre las poblaciones. Y es que para algunos profesionales el estudio de las mentalidades, las fuentes literarias y artísticas, la tradición popular… son fuentes de segunda o incluso de tercera, como si realizar un trabajo de investigación sobre la faceta imaginaria del bosque fuera escribir una novela de fantasía (basado en hechos reales). Pero imagino que lo que  podría sentir la Lucía medieval, campesina, ante la imagen de un bosque nocturno, imponente, no debió de ser muy distinto a lo que sentiría yo en esa situación. Ninguna de las dos es un elfo de nivel 20, sino un ser humano acongojado ante los peligros reales e imaginados que personifica ese espacio.

Mujeres abrazadas a un árbol, pertenecientes al Movimiento Chipko
Afortunadamente, una vez que me introduje en este sendero –nunca mejor dicho- descubrí que hay mucha gente preocupada por recuperar la memoria del bosque, TODA su memoria, desde arqueólogos/as e historiadores/as como Della Hooke y sus trabajos sobre la importancia del árbol en el mundo anglosajón, Jacques le Goff y sus aportaciones a la Historia de las Mentalidades o Jacques Brosse con su amplia bibliografía sobre mitología arbórea; historiadores/as del arte como Ana Santamaría Fernández y su trabajo sobre el bosque en la visión de los artistas de la segunda mitad del siglo XX; biólogos/as como Aina S. Erice, quien divulga de manera muy amena y precisa el mundo vegetal, o Francis Hallé y su conocimiento de los bosques tropicales; periodistas como María José Parejo y su equipo, su Bosque Habitado, un programa radiofónico de obligada escucha para cualquier amante el reino vegetal; filólogos como Claude Lecouteux y sus estudios sobre los seres maravillosos en el ámbito germano-nórdico medieval, etc. Estos autores/as son solo representaciones del movimiento incipiente, real, que recuperó y sigue recuperando la memoria del bosque. Pero no sólo en el ámbito académico, periodístico o divulgativo encontramos estos ejemplos, pues hay una memoria viva que pervive en los medios rurales, en la gente mayor, en las plataformas ciudadanas y ecologistas, en las tribus,  desde Asturias a la India, al Amazonas o a Nigeria.


9 razones para descubrir el bosque

El corazón del bosque. Ilustración de Lucía Triviño, autora del blog.


Después de esta corta pero intensa reflexión, no se me ocurre una mejor manera de celebrar el Día Internacional de los Bosques que unirme a la iniciativa #DiscoverForest, mostrando unos pocos ejemplos sobre cómo podemos incluir al bosque en nuestra vida cotidiana. Allá van:

1. Plantar un árbol. Fácil, sencillo, para toda la familia y beneficioso para todo el planeta.

2. Respetar al resto de especies con las que compartimos el mundo. El ser humano no es imprescindible para el desarrollo de la vida en el planeta, somos una especie más, cuanto antes lo entendamos mejor nos irá a nosotros y al resto de especies.

3. Reencontrarse con el medio natural. Acudir a la naturaleza, observarla, respetarla, desde visualizar el vuelo de los pájaros, el cambio de estación… en fin, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

4. Respetar el medio natural. El reencuentro debe ser limpio y respetuoso. Los bosques, montañas, praderas o masas de agua no necesitan nuestros residuos. De igual modo que los habitantes del bosque no necesitan huir a causa de los disparos, ¡que ya bastante tienen con su estrés de herbívoros y carnívoros!

5. Recuperar el conocimiento natural. ¿Cómo se bajaría el carbón desde el bosque al pueblo? ¿Cómo se trabajaba en el bosque antes de la revolución industrial? ¿Cómo puedo reconocer hongos y no morir en el intento? ¿Si hiervo esta planta, la infusión combatirá mi dolor de estómago?

6. ¡Eso es cosa de cuentos! Sí. Leer, leer y leer. Hay un bosque escondido detrás de cada historia: los hermanos Grimm, Rudyard Kipling, Algernoon Blackwood, el ciclo artúrico, Layla y Majnun…

7. Ya me lo decía mi abuelo… escuchar y valorar los testimonios de nuestros mayores, atesorar ese conocimiento. El conocimiento es poder. ¿Por qué hay un tejo cerca de una iglesia? ¿Por qué la gente se sigue reuniendo bajo ese roble?

8. Transmitir el respeto por el medio a los más pequeños. Que conozcan la naturaleza que los rodea, en vivo y en libro.

9. Dejarse inspirar por el bosque. Escribir, dibujar, pintar, crear música… Hay muchas maneras de acercarse a este ecosistema, y no sólo es una cosa de nuestros antepasados. Quizás ya no nos acerquemos a venerar a la divinidad que vivía en la corteza del árbol, ni a admirar la creación de un ente divino ni a encontrar ese Absoluto del que nos hablaban los románticos; lo que está claro es que el bosque inspiró y sigue inspirando.


Concienciación, inspiración, respeto y memoria; para mí, cuatro claves para incluir el bosque en nuestra vida. Y vosotros/as, ¿Cómo descubrís el bosque?

Sin más dilación, os deseo a todos y todas un feliz Día de los Bosques. Acciones individuales en distintas partes del mundo crean una gran revolución, como dirían nuestros compañeros de El Bosque Habitado, una Revolución de los Conmovidos.

¡Os espero entre las Hojas!

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