jueves, 28 de diciembre de 2017

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

"Glade Jul". Viggo Johansen, 1881
A estas alturas de año, seguramente todos/as —queridos/as lectores/as— tengáis ya decorado vuestro árbol de Navidad. Actualmente no se concibe esta festividad sin él, pero ¿ha existido siempre? ¿qué significado tiene? ¿cuál ha sido su evolución? En esta entrada vamos a desenmascarar a nuestro festivo ejemplar…

Los orígenes del árbol de Navidad

«la atracción de todo lo verde, colorido y brillante en la estación invernal es elemental[1]»

La innegable importancia del árbol en la cultura y el folklore nos hacen relacionar de una manera casi directa, en un primer golpe de pensamiento, el paganismo con el árbol de Navidad, ¿pero es esto cierto? En su mayor parte sí, pero, como bien nos advierte Lévi-Strauss, no todo debe reducirse a la justificación por los vestigios; toda tradición tiene sus orígenes y sus procesos y el árbol de navidad no es una excepción ya que su popularidad es relativamente reciente.

Corona de pino
Una vez aclarado este punto comenzaremos a desgranar los orígenes del “siempreverde”. Indudablemente existe un poso de paganismo del cual se van tomando motivos que sirven para recomponer y adaptar una antigua celebración. Sus raíces —nunca mejor dicho— podemos encontrarlas en las antiguas festividades relacionadas con el solsticio de invierno, a su vez relacionado con la fertilidad, el rebrote y el retorno de la luz. Nunca está de más recordar que el tiempo pagano es cíclico, regido por las leyes naturales, por lo que no es de extrañar que el reino vegetal sea protagonista o actor secundario en algunas de estas celebraciones. Tras el solsticio de invierno las noches se van acortando y comienza el proceso de rebrote. El color verde de la vegetación representa la esperanza, la vitalidad y la fertilidad. Casi independientemente del área geográfica, encontramos en las diversas festividades nexos de unión como las ofrendas para satisfacer las futuras cosechas, muy relacionadas con la fertilidad, y la vuelta de la luz solar.

      -  Influencias asiáticas: Bred Brunner, en su obra Inventing the Christmas Tree, recoge la teoría de la arqueóloga Muazzez Ilmiye Çig sobre la búsqueda del origen en las culturas de la estepa centro-asiática, donde es costumbre decorar los árboles con lazos de colores en honor al dios Bai- Ulgan, Esta divinidad estaría relacionada con el sol y las festividades en su honor coincidirían temporalmente con el solsticio de invierno. Según Ilmiye, fueron los hunos quienes llevaron esta costumbre a Europa.

      -   Paganismo clásico: para encontrar influencias tenemos que acudir a las Saturnalia, festividad que se celebraba del 17 al 25 de diciembre —la duración de ésta fue variando según la época; con Augusto se redujo a 3 días, pero posteriormente se volvió a aumentar hasta los 5—. Se celebraban en honor a Saturno y eran precedidas por el Natalis Invicti.  Lo que nos parece representativo para el tema a tratar, es el uso de hierbas y “siempreverdes” para decorar edificios y hogares, bien a modo de coronas o bien con ramas de bayas.

     -   Ámbito germánico-nórdico: árboles perennes como la pícea, el acebo, el abeto o el enebro servían como amuletos contra la mala suerte debido a su característica conservación de follaje y, por ende, su permanente color verde. La creencia de que los árboles servían como habitáculo de seres sobrenaturales justificaba que el deshoje otoñal se produjera a consecuencia del abandono de este ser. Es entonces cuando se adornaría el árbol con cintas, piedras de colores y hojas verdes para animarlo a volver a ocuparlo. De igual modo tenemos testimonios del uso del árbol como depositorio de ofrendas pendientes de las ramas. Dentro de las celebraciones de Yule encontramos la adoración y decoración de un árbol de hoja perenne en el interior de los hogares, el cual haría referencia al árbol cósmico.

Muy importante y relacionado con la simbiosis entre solsticio y vegetación es el leño de Navidad— Yule log, Tréfoir, christbrand, tronca de navidad, ceppo, etc. —. Este leño ardería toda la noche y sus cenizas podían servir con fines medicinales o serían esparcidas por las cosechas para favorecer la fertilidad de los campos. Esta tradición no es propia del mundo germano y escandinavo, ya que podemos encontrarla en numerosas geografías, entre ellas nuestro país[2]. La elección de la especie arbórea puede variar dependiendo de la geografía. En el ámbito mediterráneo podemos encontrar leños provenientes de olivo, almendro, higuera, manzano, parra o encina; mientras que en el norte europeo suelen ser de roble.


Personas recogiendo el leño de navidad. Grabado recogido en Chamber's Book of Days, 1832

La llegada del cristianismo

Como ya hemos apuntado en numerosas ocasiones, la transición entre el paganismo y el cristianismo fue un largo y complejo proceso lleno de sincretismo. En lo que respecta a las creencias relacionadas con la vegetación tenemos dos modos de cristianización muy distintos: destrucción o prohibición y asimilación. En el primer grupo podemos nombrar al obispo Martín de Braga (s. VI), quien en su De correctione rusticorum recoge la prohibición de depositar ofrendas en árboles, fuentes y piedras y la decoración vegetal en fechas destacadas del paganismo, atribuyendo todo este tipo de supersticiones al ámbito diabólico:

«Nam ad petras et ad arbores et ad fontes et per trivia cereolos incendere, quid est aliud nisi cultura diaboli? Divinationes et auguria et diez idolorum observare, quid est aliud nisi cultura diaboli? Vulcanalia et Kalendas observare, mensas ornare, et lauros ponere, et pendem observare, et fundere in foco super truncum frugem et vinum, et panem in fontem mittere, quid est aliud nisicultura diaboli?[3]»


San Bonifacio derribando el roble Donar. Grabado de Bernhard Rode, 1781.

Otro ejemplo de este modus operandi es San Bonifacio —Wynfrith— (s. VIII) y su famoso episodio con el roble Donar de los germanos. La tradición cuenta que San Bonifacio acudió a evangelizar la zona de Hesse bajo el mandato del papa Gregorio II. Una vez allí, vio que en Geismar adoraban un roble consagrado al dios Thor (roble Donar) —aunque en las fuentes aparece nombrado como roble de Júpiter debido a una asimilación en la traducción con la mitología clásica—, el cual decoraban y donde se depositaban ofrendas. Como acción evangelizadora, el árbol fue derribado, lo que provocó la ira de los pobladores locales, quienes maldijeron a los evangelizadores ante sus dioses.  Ante tal revuelo, San Bonifacio explicó que el árbol había sido derribado milagrosamente y que se había dividido en cuatro partes de igual longitud. Con esta madera se construiría un templo dedicado a San Pedro[4]. Otra versión, relacionada directamente con nuestro protagonista, cuenta que en el lugar del roble derribado se plantó un pino que se adornó con manzanas y velas, nombrado como “el árbol del niño Jesús”, aunque esta última interpretación es posible que fuera fruto de adaptaciones posteriores.
Ya en el ámbito puramente cristiano medieval encontramos una práctica muy destacada durante el día previo a Navidad: la representación de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso (Gen. 2, 3) relacionada con el pasaje del árbol del conocimiento, del bien y del mal. El árbol usado en este acto estaría decorado con manzanas, que representarían el pecado, y después de la misa del gallo se añadirían velas.

Junto al episodio del Génesis, encontramos también la creencia popular en la que el manzano, además de otros árboles, florecerían en la víspera de Navidad.

«In the harshest and mores disagreeable time of the year, it bore apple blossoms the size of a thumb on the night of Christ’s Birth. For this reason, many believers from Nuremberg and the surrounding areas would come by and keep vigil in order to see the truth for themselves[5]

 El filósofo alemán Alexander Tille[6] ve en la conjunción de esta creencia, y la decoración con siempreverdes del paganismo clásico, los orígenes de esta tradición, aunque como podéis ir comprobando, son muchas las influencias que podemos rastrear tanto en geografía como en folklore y cultura.

Y si bien los procesos de cristianización violentos tuvieron un resultado más inmediato, aunque prácticamente menos eficaz, fueron aquellos basados en la asimilación los que progresivamente fueron calando entre las poblaciones locales. Si bien veíamos que el paganismo usaba elementos vegetales como decoración, esta costumbre pervivió durante la edad media ya que coronas y ramas verdes de hojas aciculares se colgaban en las puertas y en los hogares.

Teniendo en cuenta los antecedentes paganos de esta tradición, la Iglesia católica se mantuvo muy reacia a adoptar la figura de Santa Claus y todo lo que ella conllevaba. A pesar de la reinterpretación cristiana del árbol de navidad — simbología de las manzanas como pecado, la estrella de Belén en la copa y las luces como Cristo, dentro de la escena cristiana el árbol y el nacimiento formarían un conjunto, colocando este último a los pies del “siempreverde”— no fue hasta 1982 cuando se alzó uno en la plaza del Vaticano, bajo el mandato del papa Juan Pablo II.

¿Cuál fue el primer árbol de navidad?

Aunque las referencias existentes no son muy claras, podemos hacer una pequeña cronología nombrando algunos ejemplos ubicados entre principios del siglo XV y finales del XVI:

            - 1419: primera documentación escrita conservada sobre un árbol alzado en el Hospital del Espíritu Santo por el gremio de panaderos de Freiburg (al sur de la actual Alemania). El ejemplar estaría decorado con manzanas, ostias, pan de jengibre y alguna especie de espumillón.

            -  1441: árbol alzado a la entrada de Tallín (Estonia), alrededor del cual se danzaría.
            -  1444: Jhon Stow (1525-1605) recoge en su obra, “Survey of London” (1598), la existencia de un árbol situado en la ciudad de Londres. Y la cita dice así:
«a standart of the tree being set up in the midst of the pavement fast in the ground, nailed full of holme and ivie, for disport of Christmas to the people»
 -  1510: en Riga, la hermandad de los cabezasnegras alzó un árbol en la plaza central de la ciudad con motivo del solsticio de invierno. Éste fue decorado con hilo, paja y manzanas para posteriormente quemarlo en una gran hoguera.
-   1570: en Bremen se situaba un árbol a la entrada de un gremio. Este ejemplar estaba decorado con manzanas, nueces, pretzels y flores de papel. Durante Navidad, los niños podían sacudir el árbol.
Esta cronología deja constancia de la realidad de esta práctica, pero tenemos que tener en cuenta que no podemos equipararlos con los árboles de navidad tal y como los conocemos ahora puesto que, como veremos a continuación, la costumbre de decorar el árbol en el interior del hogar comenzó a popularizarse a partir del siglo XVIII.

De Este a Oeste. Expansión y evolución


Christmas Tree. Grabado incluido en Godey's lady's book


ALEMANIA
En el apartado anterior hemos visto algunos ejemplos cronológicos de la celebración de esta costumbre, pero ¿qué lugar podemos marcar como inicio de los modernos árboles de Navidad? Los investigadores coinciden en buscar los antecedentes en el seno de la Alemania protestante. Una creencia muy extendida es aquella que nombra a Martín Lutero como el primero en añadir velas al árbol, inspirado en el fulgor de las estrellas entre las ramas de un ejemplar de su jardín.

Miles —en su obra Christmas in rituals and tradition Christian and Pagan— remarca el carácter hogareño de esta tradición. El árbol se colocaría en el centro de la habitación y a su alrededor se desarrollaría la vida familiar. También se podían encontrar vegetales decorando edificios sacros. En Munich, apunta, se podían encontrar árboles en hogares, iglesias y cementerios, con tumbas decoradas con acebo, muérdago y algún pequeño árbol con luces resplandecientes.

Como ya hemos visto anteriormente, el primer ejemplo datado se localiza en Alemania —donde se asentará y desarrollará durante todo el siglo XVIII— desde donde se exportará al resto de Europa. Allí esta costumbre no se circunscribía a un único grupo social favorecido —como sí veremos que ocurría en Inglaterra— ya que nadie era ni demasiado pobre ni demasiado solitario para tener uno. Como ya hemos apuntado, esta tradición se desarrolló dentro del ámbito protestante, y de allí al católico. Miles vuelve a recoger un ejemplo en Saint Boniface’s Whitechapel (católica), la cual fue decorada con dos vistosos árboles engalanados con bolas de colores brillantes e hileras de oro y plata, además se encenderían velas durante la bendición.

En sus inicios los árboles estaban decorados con nueces, manzanas, flores de papel, etc., pero no estaban permanentemente iluminados. El primer ejemplar iluminado del que se tiene constancia se data en 1785.

Aunque ya hemos visto que Stow describía la decoración navideña del Londres del siglo XV, la costumbre de poner el árbol aún no se había asentado. No fue hasta 1848 cuando el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo, esposo de la reina Victoria, trasladó está tradición desde Alemania hasta la Inglaterra victoriana. En 1851 se admiraría el primer árbol decorado en Innsbruck. Progresivamente se irá extendiendo a otras clases sociales, pero en sus inicios era una práctica reservada para las clases más favorecidas.

OTRAS ZONAS EUROPEAS
Respecto a Francia hay varias teorías. Unos fechan la llegada a finales del s.XIX, durante la guerra franco-prusiana (1870-1871); otros manejan la opción de que fuera la princesa Helena von Meckeeburg quien lo llevara a París en 1837, sin embargo también se conoce la existencia de un árbol en el palacio de Tullerías en la Navidad de 1867, que habría sido mandado decorar por Eugenia de Montijo, consorte de Napoleón III.

En España también llegaría a finales del siglo XIX, conociéndose un ejemplo en el Palacio de Alcañices (Madrid), mandado colocar por Sofía Troubetzkoy, esposa de José Isidro Osorio y Silva.

NORTEAMÉRICA
Árbol de Navidad en el Rockefeller Center de Nueva York
Fue introducido por soldados procedentes de la actual Alemania a finales del siglo XVIII. Allí se expandió de manera más rápida, siendo muy común en los Estados Unidos de principios del XIX. A finales de siglo, en 1882, Edward H. Johnson —vicepresidente de la Compañía Eléctrica de Edison—, creó en su hogar el primer árbol de navidad iluminado con electricidad. En 1912 se produjo la inauguración del encendido del gran árbol de navidad de Nueva York.

El árbol de navidad en el mundo

Cada vez que pensamos en el árbol de Navidad, asociamos la imagen al abeto, pero ¿en todos los lugares se usa el mismo tipo de árbol? Si queremos elegir un ejemplar natural lógicamente no —de los artificiales hay multitud de tamaños, precios y colores—, pues la elección del mismo dependerá de la zona geográfica en la que nos encontremos. En Chile encontramos la araucaria, un ejemplar perteneciente al género conífera, en Nueva Zelanda el majestuoso pohutukana, o mirto, con su intenso color rojo o el castaño de indias en la zona de Grecia y Bulgaria.


Pohutukana (Metrosideros excelsa)


A pesar de repasar especies arbóreas, tenemos que tener en cuenta que en muchos lugares no era necesario el uso de un árbol per sé, sino que podían usarse simplemente ramas como decoración.


Como conclusión podemos decir que el árbol de Navidad es un claro ejemplo de sincretismo, pues en él confluyen factores tanto paganos como cristianos —el fuego, la luz duradera, el verdor perenne, etc.—. Su relación con el solsticio hace que se le asocie con la fertilidad, la luz y el renacer del curso natural, conceptos adaptados y reinterpretados por el cristianismo —manzanas: pecado; luz: Cristo; forma triangular del árbol: Santísima Trinidad—.

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

¡Os espero entre las hojas!


BIBLIOGRAFÍA

CHURCO, Jennie M. “Christmas and the roman Saturnalia” en The Classical Outlook. Vol.16, nº 3, diciembre 1938. pp. 25-26.
DOWDEN, K. European Paganism. The Realities of Cult from Antiquity to the Middle Ages. Routledge: London and New York, 2000.
FRAZER, J. G. La Rama Dorada. Fondo de Cultura Económica: México, Madrid, Buenos Aires, 1981.
GARCÍA PÉREZ, Guillermo. El árbol religioso en España. Archivo Digital UPM, 2017
  ……………………………………   El árbol sagrado en España. Primera parte. Archivo digital UPM, 2014.
     ……………………………………. “La Tronca de Navidad” en Boletín de la Sociedad Ateneista de Aire Libre, nº46, 2014. pp. 9-19.
GUBERNATIS, Angelo. Mitología de las Plantas. Leyendas del reino vegetal, vol. 1: Botánica general. José J. de Olañeta editor: Palma de Mallorca, 2002.
KARAS, Sheryl Ann. The Solstice Evergreen. The History, Folklore and Origins of the Christmas Tree. Aslan Publishing: Farfiel, Conneticut, 1998.
History of Christmas Trees. Artículo para History Channel, 2012.
Imágenes de árboles de Navidad en época victoriana




NOTAS

[1] BRUNNER, Bernd. Inventing the Christmas Tree. Yale university press, 2012.
[2] Si queréis saber más sobre esta tradición: GARCÍA PÉREZ, Guillermo: “La Tronca de Navidad” en Boletín de la Sociedad Ateneista de Aire Libre, nº46, 2014. pp. 9-19.
[3] Fragmento extraído de MARTÍN DE BRAGA: De correctione rusticorum
[4] Este episodio está recogido en Vita S. Bonifacii archiepiscopii, de Willibald (700-786)
[5] Fragmento recogido en un texto de 1430. Incluido en BRUNNER, Bernd. Inventing the Christmas Tree. Yale university press, 2012.

jueves, 30 de noviembre de 2017

PLANTAS Y BRUJERÍA: UNA EXPOSICIÓN EN EL JARDÍN BOTÁNICO DE LA UCM




El pasado día 5de octubre se inauguró en el “Real Jardín Botánico Alfonso XIII”, de la UniversidadComplutense de Madrid, una exposición titulada “Plantas y Brujería”. Lamentablemente no pudimos acudir a su inauguración, pero sí la visitamos hace unos días, por lo que allá va una pequeña reseña de la misma para todos y todas aquellos que no podáis acudir a disfrutar de ella.

Esta exposición ha sido coordinada por miembros ligados a la colección de etnobotánica de la UCM –Isabel Pérez Ruzafa, Estela Seriñá y M. Victoria Azcárate– además de la bióloga Lorena García Álvarez y los profesores de Bellas Artes, Consuelo García Ramos y Miguel Ruíz Massip. Esta exposición cuenta con más de un centenar de ejemplares pertenecientes a dicha colección, las cuales se presentan repartidas en diferentes áreas temáticas: plantas alucinógenas, el vuelo de las brujas, ungüentos y filtros, plantas curativas, etc. A continuación, os dejamos por orden el recorrido de la exposición:

1.       Las plantas y la brujería
2.       La brujería medieval / Las plantas que curan
3.       Chamanes, hechiceros, magos y druidas I / Aceites y perfumes
4.       Chamanes, hechiceros, magos y druidas II /Sahumerios y Elixires
5.       Ungüentos y filtros de amor, ¿funcionan? /Aceites y perfumes - Sahumerios y Elixires
6.       De la planta medicinal a la planta mágica I: Beleño y Estramonio
7.       De la planta medicinal a la planta mágica II: Mandrágora y Belladona
8.       Plantas alucinógenas
9.       El vuelo de las brujas y sus escobas
10.     Las plantas protectoras
11.     Noches mágicas
12.     La brujería en la literatura

Nada más entrar, nuestra mirada queda atrapada por la idílica representación de la despensa y hogar de una bruja, con su caldero al fuego, su pozo, sus tarros con anfibios, reptiles, insectos y arácnidos, además de ramilletes colgados de las paredes. Y es que es casi imposible separar a esta figura del hogar de su cabaña. A pesar de ser un espacio reducido, la disposición se ajusta perfectamente, alternando carteles informativos con vitrinas que guardan los ejemplares vegetales con recreaciones y efectos de luz y sonido. Opinamos que visualmente es todo un acierto combinar la exposición más tradicional con estos recursos, a pesar de ser un tema atractivo de por sí, las recreaciones hacen que este atractivo aumente.

Recreación del hogar de una bruja. Fotografía de Laura Berzal Llorente.

Que el grueso de la exposición comience con la brujería medieval no es casualidad, pues el prototipo que todos almacenamos en nuestra memoria colectiva está irremediablemente ligado a la imagen más malévola representada en la literatura infantil, cuyas fuentes beben de este período. A pesar de la creencia de que la bruja maléfica es puramente medieval, hay que tener en cuenta que no sería hasta finales del medievo – principios de la edad moderna cuando la brujería comenzara a tomar ese carácter diabólico y se emprendiera una cruenta persecución contra estas mujeres. Y es que esta primera parte está dedicada a esa fina línea que separa la medicina natural de lo puramente mágico; encontrando tanto ejemplares de probadas propiedades curativas como ingredientes de pócimas y elixires para atraer el amor. Y si pudiéramos destacar algunos ejemplares propiamente” brujeriles” esos serían la belladona, la mandrágora, el beleño y el estramonio, a los cuales se les dedican dos paneles explicativos.

Los diversos tipos de escobas. Fotografía de Laura Berzal Llorente

¿Y qué sería de la bruja sin su escoba? El preliminar de las escobas lo conforman las plantas alucinógenas, algo que tampoco debe parecernos casual, pues su uso en las reuniones facilitaría el alcance de ese éxtasis, a través de visiones y sensaciones alucinatorias, como el famoso hecho de volar. Una sección muy rica y completa vigilada por una recreación de escobas levitantes y el ruido tronante de una tormenta.

Y si hasta aquí se nos muestran los útiles de la bruja, también es necesario hablar de las formas de protección contra ella: el ajo, el sauco, el acebo, la carlina o flor de cardo o la hierba de san juan son sólo algunos ejemplos. Y es que no todas las épocas son iguales, pues las fiestas y las noches “brujas” tienen sus días específicos: Samhain, La noche de Walpurgis o San Juan son sólo alguna de ellas.

Y terminamos el recorrido con la repercusión de esta figura en la cultura y la literatura, ejemplos que permanecen vivos con el devenir de los años.


En resumen, una interesantísima y bien documentada exposición para el disfrute de todos los públicos, de un marcado carácter interdisciplinar que nos permite conocer la brujería desde la perspectiva de la etnobotánica, además de aprender e identificar las especies vegetales in situ. Totalmente recomendable. Si tenéis oportunidad de visitarla, no lo dudéis.





Enlaces de interés:

martes, 31 de octubre de 2017

BOSQUES DEL HORROR: 5 EJEMPLOS DE LA GEOGRAFÍA DEL MIEDO



Ilustración de David Gómez realizada expresamente para nuestro artículo


La noche del 31 de octubre se ha convertido en una celebración mundial de lo macabro y lo terrorífico, es por ello que este año no queremos perder nuestra tradición de mostraros la parte más oscura del bosque, sumando esta entrada a las ya existentes sobre la Santa Compaña y la relación entre el bosque y la brujería. En esta ocasión hemos preparado un “tour” por algunos de los bosques más terroríficos de la geografía mundial.

No os vamos a aburrir de nuevo con la doble faceta de la naturaleza imaginada a la que tantas veces hemos hecho referencia, mejor os recordamos el enlace que os llevará directamente a la que fue nuestra primera entrada del blog. Una vez refrescada la memoria os invitamos a adentraros en el temido locus horridus, en la selva negra donde reinan los susurros y las sombras. Hay lugares que quedan marcados, bien sea por acontecimientos trágicos o por la leyenda que se genera alrededor de los mismos y estos bosques son buena prueba de ello. Anteriormente dedicamos una entrada a la leyenda generada a raíz de la película The Blair Witch Project, desarrollada en las Black Hills y que irremediablemente dejó marcado su bosque como refugio de la vengativa bruja. Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos pues en la península, más concretamente en Navarra, encontramos el bosque de Sorginariztaga o Robledal de las brujas.

Una de las principales características de estos bosques es su capacidad de repeler incluso bajo la luz diurna. Ya comentamos que la percepción del paisaje puede cambiar dependiendo del estado de ánimo del individuo o de los acontecimientos desarrollados en el territorio, aun así, hay algunos lugares que permanecen impregnados, digamos, “a tiempo completo”.

En cuanto a la actividad dentro de los mismos, es bastante habitual encontrar patrones que se repiten en prácticamente todos ellos y que podemos clasificar como:


La base que sustenta la “mitología” de estos lugares puede venir dada por el folklore previo —antiguos asentamientos nativos, lugares relacionados con religiones y creencias previas, enclaves sacrificiales, etc.—; seguida del amplio término de fenómeno paranormal, que engloba relatos, supersticiones, actos violentos, apariciones etc., y en ocasiones mezclado con la ufología. Atraídos por este cúmulo de fenomenología, grupúsculos sectarios llegan a estos lugares para llevar a cabo sus actividades, lo cual, dependiendo de la finalidad y sentido de sus prácticas, otorgarán más o menos peso a la historia del bosque en particular; por ejemplo, la actividad de una secta relacionado con lo demoníaco ensombrecerá más la “reputación” del lugar en cuestión debido a su ya de por sí mala consideración social.

¿Todo esto basta para mantener al ser humano alejado de estos sitios? La respuesta rotunda es no. Estos lugares siguen siendo ecosistemas vivos, con su vida y ajetreo normal, que atrae la atención de los estudiosos. Pero no sólo un interés científico promueve el trasiego de personas por estos bosques, el turismo es quizás uno de los mayores motores. Alguno/a os preguntaréis, ¿pero a quién le va a interesar visitar un bosque con tal reputación? Aunque pueda costar entenderlo, es algo muy real, y se conoce con el nombre de “Dark Tourism”. Y es que, amigos y amigas, al ser humano le apasiona el morbo. Bien es verdad que muchos de estos lugares pueden visitarse en horario diurno, esto no quita que algunas personas decidan aventurarse por cuenta y riesgo propios con nocturnidad y alevosía.
Sin más dilación, y teniendo en cuenta estas consideraciones previas, cojamos linterna y mochila de supervivencia para adentrarnos en algunos de los bosques más temidos de la geografía mundial.

- Aokigahara. Quizás o suene más si lo renombramos como “el bosque de los suicidas”. Se encuentra en Japón, al noroeste de la base del Monte Fuji. Aokigahara es su nombre oficial, pero es más conocido como jukai (mar de árboles). Este bosque creció sobre roca volcánica, y su geografía es bastante abrupta. Su flora, compuesta por coníferas y matorrales, añade densidad, y es que al entrar en el mismo se avisa del peligro de pérdida. A causa de esto, es habitual encontrar largos metros de cinta enganchados entre los árboles para facilitar el camino de vuelta al exterior.

Ubasute no Tsuki, de Yoshitoshi
¿Por qué se popularizó este bosque? ¿Por su gran variedad de mariposas? Tememos que no; más bien por un fenómeno humano, pues posee el dudoso honor de ser el lugar del mundo más apreciado por los suicidas para morir. Gran cantidad de personas, agobiadas por las presiones de la comunidad en sus entornos sociales, deciden huir a Aokigahara para acabar con su vida. Esta actividad llegó a ser tan habitual —una media variable de entre unos 50-100 suicidios al año— que el gobierno actuó con varias opciones disuasorias: carteles informativos, departamentos de ayuda, música, etc. A pesar de la gran afluencia de personas, esta actividad es relativamente reciente —alrededor de los años 60—, pues antiguamente se constataban abandonos (ubasute) de ancianos provenientes de familias poco pudientes, pero no alcanzaban estos altos porcentajes. Como consecuencia de esta actividad, también se asocia este bosque con los yūrei.

Entrada a Aokigahara con el cartel disuasorio
Y si anteriormente no era habitual esta acción ¿cuál fue el motor que impulsó a las personas a acudir a este bosque? Popularmente se atribuye a una obra literaria de Seichō Matsumoto, titulada Nami no Tō (Torre de Ola) y publicada en 1961. Se supone que el primer grupo de víctimas lo conformarían parejas con problemas y personas desempleadas.


- Hoia – Baciu. Se encuentra al noroeste de Rumanía, cerca de Cluj-Napoca, la capital histórica de la región de Transilvania. Este bosque es conocido como “El Triángulo de las Bermudas” rumano, pues su leyenda la conforman apariciones espectrales, fenómenos ufológicos, apariciones en fotografías… junto a sensaciones físicas de ansiedad, náuseas, inquietud, etc.
¿Por qué recibe este nombre? Una de las leyendas cuenta que un pastor desapareció misteriosamente con su rebaño de 200 ovejas en un claro del interior del bosque, lo que, según la leyenda, justificaría los sucesos paranormales.
Fue en las décadas de los 60 y 70 cuando comenzaron a salir a la luz las primeras noticias sobre avistamientos de objetos no identificados y luces desconocidas, por lo que este bosque hace las delicias de los aficionados a la ufología.

Luz no identificada en Hoia Baciu

La denominación de Triángulo de las Bermudas responde a la enorme mezcla de fenómenos que supuestamente se producen dentro y los testimonios que relatan la pérdida de noción temporal y espacial, como si el bosque fuera una especie de portal.

- Xochimilco. Más conocida como “La isla de las muñecas”, se encuentra en el canal de Xochimilco, al sur de ciudad de México. Como bien dice su nombre, el principal atractivo de este lugar son las numerosas muñecas que se encuentran repartidas por todo el perímetro. ¿Por qué? Bien, la isla pertenecía a Julián Santana Barrera, quien colgó estas muñecas para ahuyentar al fantasma de una niña que murió ahogada en ese lugar.

Isla de las muñecas

- Triángulo de Bridgewater. Se encuentra en Massachussets, Estados Unidos, y abarca una extensa área de 200 millas, en cuyo centro se encuentra el pantano Hockomock. Con este bosque ocurre lo mismo que con Hoia Baciu, recibe la denominación de triángulo por las similitudes con el famoso caso “Bermudas”.

Cartel sobre Bigfoot en Bridgewater
Bridgewater











Como suele ocurrir, toda leyenda se remonta a su pasado más remoto, y en Estados Unidos a su historia nativa. El nombre de este lago puede traducirse como “el lugar donde habitan los espíritus” y se cuenta que la historia negra de este bosque comienza con una maldición de la tribu al tener que dejar sus tierras.

En su listado de fenómenos contamos apariciones, avistamientos de Bigfoot, casos ovni, bolas de fuego y luces inexplicables, pérdida de noción espacio-temporal, animales de gran envergadura y algo más real que lo anteriormente citado, restos de ritos satánicos llevados a cabo por Carl Drew, quien supuestamente sacrificó tres víctimas humanas entre 1979 y 1980.

    - Bosque de Puckley, “el bosque de los gritos”. Puckley es un encantador pueblo situado en el distrito de Kent, encantador y ¡encantado!, y es que resulta que entre sus habitantes se encontraban unos 12 fantasmas. Además de su leyenda sobrenatural, este pueblo es bastante conocido por toda la documentación histórica en la que aparece.
¿A qué le debe su nombre? La leyenda cuenta que sollozos y gritos componen la banda sonora de esta espesura, y es quizás la historia de Robert du Bois la culpable de ello. Se cuenta que este bandido entró en el bosque huyendo de una persecución y entró en el hueco de un árbol para esconderse. Allí fue hallado muerto por las autoridades y desde ese día se cuenta que los gritos salen despedidos de ese mismo árbol.

¡Os espero entre las hojas!

BIBLIOGRAFÍA

MULTIMEDIA
- Milenio 3:  21/05/2011 - Los bosques del terror
- Documental sobre Aokigahara: Parte 1 -https://www.youtube.com/watch?v=36CnideClgE / Parte 2 - https://www.youtube.com/watch?v=18xDAywgTHQ

ILUSTRACIÓN
Si os ha gustado la ilustración que encabeza nuestra entrada, no tenéis más que seguir a nuestro ilustrador amigo David Gómez. Aquí os dejamos su perfil de Instagram para que echéis un ojo a su trabajo.